EL CORTO VIAJE HACIA EL CIELO DE LOS GATOS

Hace casi dos años que conté como la llegada de Clarisse, mi gata, había dado un giro significativo a mi vida y cuán importante era para mí. En estos años pasados a su lado ha seguido domándonos a su modo y poco a poco hemos sido sumergidos en un mundo felino, lleno de cables, gambas, latitas, aperitivos y demás necesidades de Clarisse.

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Sin embargo esta felicidad que nos producía su presencia y su ternura empezó a empañarse hace más de un año, cuando el 26 de diciembre de 2013 tuvimos que salir corriendo a urgencias con ella por un primer episodio de vómitos. Unos meses después, en abril, volvió a estar enferma sin que nadie diagnosticara nada significativo y en mayo Clarisse tuvo los primeros signos alarmantes de que algo no iba bien. Después de una semana de hospitalización nos la devolvieron con un diagnóstico de muerte inminente debido a una grave enfermedad felina y con signos evidentes de una parálisis progresiva. Nos recomendaron vivamente sacrificarla lo más rápido posible. A los dos días de estar en casa Clarisse dejó de andar y de hacer sus necesidades por sí misma. Después de una noche en que no paró de quejarse decidí buscar cielo y tierra para encontrar otro lugar en que cuidar a mi gatita. Lo encontré en una clínica veterinaria de Barcelona en la que me dieron el diagnóstico real, tenía una leucemia y esta le había producido un linfoma en la médula que le afectaba a la movilidad. La solución provisional era darle un tratamiento de quimioterapia que le paliara los síntomas, pero me dieron una esperanza de vida de no más de tres meses y nos advirtieron de que la gata tendría una cierta calidad de vida, no tendría dolores, pero no volvería a andar. Después de valorarlo decidimos seguir adelante, porque nuestra fe en la recuperación era infinita. No podíamos perderla tan pronto.

Clarisse logra subir a los árboles

Clarisse logra subir a los árboles

En esos momentos la ayuda de mi hijo fue primordial pues él se ocupó de todos los trámites puesto que yo me encontraba ya a miles de kilómetros, en la Isla Mauricio, en un viaje programado desde hacía meses. Cuando volví dos semanas más tarde Clarisse ya daba sus primeros pasos y bajaba las escaleras sin ayuda. Desde entonces poco a poco fue recuperando sus fuerzas y llego a saltar, a volver a salir sola a la calle, como hacía antes de la enfermedad, saltando la valla del jardín. Subía a los árboles, corría, y volvía a estar activa. Al principio sus insaciables ganas de salir fuera, como buena gata callejera que fue, hicieron que cada día, durante al menos dos horas paseáramos con ella. Es difícil pasear con una gata sin correa, pero Clarisse nos seguía como un perrillo. A veces se desviaba de su ruta y había que estar atentos para no perderla.

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En otras ocasiones incluso se atrevía a hace frente a algún perro de paseo con su dueño y sacaba su carácter indómito. Volver con ella a casa era una guerra constante porque, aunque los primeros tiempos remoloneaba un poco, se cansaba y se tiraba en el camino, los meses siguientes tenía fuerzas para luchar contra nosotros y como cabezota que es oponerse a nuestros deseos. La calle era su mayor placer diario. Para premiarla a la vuelta decidimos darle su comida favorita, gambas. Así cada día la palabra “gamba” significaba que debíamos volver y ella lo hacía con prontitud. Por el mes de agosto empezó a salir sola sus dos o tres horas diarias, volviendo a casa cuando la llamábamos. Algún día, como un niño travieso, había que salir a buscarla, para encontrarla escondida entre unas zarzas.

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En uno de esos paseos, a principios del pasado septiembre oímos unos maullidos en un campo lleno de maleza y pudimos distinguir algo que se movía. Los maullidos eran muy insistentes y lastimeros. Después de llevar a Clarisse a casa volví preparada para meterme entre las zarzas y allí escondida encontré a nuestra última acogida en casa, una gatita con el pelaje tigrillo, diminuta, pero con mucho carácter. La llamamos Morgana en honor al personaje porque no podíamos adivinar de que lado estaría, si hada o malvada. Felizmente ha resultado lo primero y nos sentimos muy felices y agradecidos por haberla encontrado. Su presencia nos ha ayudado mucho para paliar el dolor que sentíamos por la suerte de Clarisse.

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El día en que encontramos a la pequeña Morgana

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Morgana crece

Durante estos meses ha habido momentos duros en los que Clarisse estaba cansada por el tratamiento pero todo ha sido un progreso y poco a poco hemos visto que era una “superviviente”. Tenía unas ganas enormes de vivir y de seguir haciéndonos compañía.
Hace un par de meses la enfermedad ha empezado a atraparla de nuevo con una patita que a veces dejaba levantada. Hace unos días comenzó a andar de manera desequilibrada y a tener dificultades para saltar. Sabemos que esta vez no habrá remedio, y sin embargo no queremos dejar de luchar porque ella quiere seguir viviendo, saliendo a la calle, jugando a comer cables y a salir detrás de las piedras que tira por toda la casa.
Recuerdo con tanta ternura cuando hace unos tres meses nos trajo de sus correrías un ratón que se puso a comer en el jardín. En otras circunstancias hubiera estado horrorizada, pero Clarisse había sido capaz de cazar y eso me producía una enorme alegría. Lo saqué como pude a la calle y ella salió detrás para comérselo….Durante sus correrías callejeras, antes de la enfermedad, Clarisse encontró un compañero de juegos, un gato callejero, que la seguía como su sombra. Le apodamos Romeo por su insistencia maullando en el jardín cuando ella entraba en casa. Durante meses Clarisse toleró su presencia y le dejó acercarse.

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Morgana y Clarisse que no pueden acercarse

Un día Romeo no volvió nunca más. Hacía un tiempo que lo veíamos un poco desmejorado. Supongo que él pudo ser el desencadenante de su enfermedad a la que denominan también, “la enfermedad de los gatos amigos”. Después tuvo un tiempo otro compañero más fugaz, Romeíto para nosotros. Pero él desapareció también al cabo de un par de meses, tal vez también atrapado por el mismo virus.

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He aparcado montones de cosas durante la enfermedad de mi gata, citas, viajes, lecturas, contactos, salidas…todo para no dejarla nunca sola. Ni siquiera tenía tiempo para el blog, porque Clarisse adora echarse entre mis piernas enroscada por las noches cubierta con su mantita. Las horas en que salía con ella a la calle hubieran podido estar dedicadas a tantas cosas. Y sin embargo se que todo ese tiempo no ha sido en vano, porque ha sentido cuanto la quería. Hace unos días se echó encima de mí, me pasó su patita por el cuello, frotó su cabeza contra la mía y empezó a lamerme. Era el día en que recomenzaron sus síntomas y creo que fue una advertencia por su parte. Así me decía casi adiós, con amor y ternura.
Siempre ha sido un poco un “gato perro” por esos detalles llenos de sentimiento que los gatos, más altaneros e individualistas, no suelen tener. Clarisse me espera a la puerta cuando entro, ya sea por el jardín o el garaje. Ella sabe sin equivocarse cuando llego. Clarisse me sigue por toda la casa y hay días en que se convierte en mi sombra. Si cocino está junto a mí, si leo también, es mi compañera en cualquier tarea. Si salgo ella también quiere hacerlo.Subo o bajo escaleras con Clarisse acariciando y frotándose contra mis piernas.

Clarisse se cubre con su manta

Clarisse se cubre con su manta

Mientras tanto la pequeña Morgana no ha podido jugar con ella y hemos tenido que hacer auténticos malabares para mantenerlas separadas. La leucemia felina es una enfermedad contagiosa entre los gatos y solo se puede vacunar a partir de los seis meses. Morgana los tendrá en breve y será vacunada. Suerte que he conocido todo eso ahora, y que nunca supe antes de que Clarisse la atrapara porque ningún veterinario me advirtió. La vacuna no protege enteramente y hay un riesgo, un poco como la gripe. Pero al menos tendrá esa oportunidad que no tuvo la otra.

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Morgana ha crecido y ya tiene seis meses

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Tengo tanto miedo de que llegue el día en que tengamos que decidir al fin sacrificarla porque esa decisión es tremendamente dolorosa. Solo se que cuando yo sea consciente de que sufre no la dejaré ni un minuto. Por el momento quiero cerrar los ojos y pensar que aún quedan días, aunque se que el reloj está ahora desbocado.
Mi hijo, compañero también de Clarisse que pasa horas echada en sus rodillas, me dijo hace unos días que estaba seguro de que Clarisse, si había un cielo de los gatos, tenía allí su sitio por toda la ternura que nos había dado y que ese cielo estaba lleno de cables y gambas.
Pero el viaje ha sido tan duro y corto que no quiero creer que haya llegado al final.

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Clarisse al sol

PD/ Escribí esto hace unos días como homenaje a Clarisse que estaba en una situación límite puesto que incluso uno de sus ojos había sufrido por el linfoma. Tuvimos que tomar la decisión de dejarla irse o seguir con el tratamiento y elegí esto último. Hace 10 días que Clarisse ha vuelto a estar normal. Ha recuperado el equilibrio, corre, sube las escaleras de dos en dos, empieza a saltar y su ojo ha vuelto a la normalidad. Solo su patita delantera sigue dando algún síntoma y sabemos que está ahí latente, pero ella tiene una energía enorme y quiere seguir viviendo.
¿Puede el cielo de los gatos seguir esperando?

9 Respuestas a “EL CORTO VIAJE HACIA EL CIELO DE LOS GATOS

  1. Precioso relato, precioso tributo. Clarisse y Morgana son muy afortunadas🙂
    Mi gata murió el pasado 31 de diciembre. De vieja, principalmente, pero también aquejada por un cáncer que la fue consumiendo durante sus dos últimos años….leerlo me ha emocionado, y ha sido como leerle también a ella a través de tus palabras….
    Gracias!

    • Entonces ya tu gata estará en el cielo de los gatos. De qué está llenó el suyo?
      Se qué me entiendes entonces y soy solidaria de tu dolor por su pérdida . Dice Murakami que los”gatos desaparecen” y por eso hay que amarlos tanto cuando estás con ellos.
      Ahora mismo estoy con Clarisse en el jardín y hoy ha logrado, de nuevo, saltar la valla….
      Seguro que tu gata también fue muy afortunada.

      • Mi gata fue super feliz!!!!! su cielo está lleno de botes de yogur, para que los acabe, hasta el final, metiendo su pata dentro. Tambien está lleno de barrigas, para que las acomode con sus patas a su gusto; de hojas de rosada en las mañanas, para lamer agua fresca y pura; y de camas nido, en las que colarse y verlo todo sin ser molestada por mis sobrinas alborotadoras…. y de su compañero, el gato macho, que ahora la añora y se pasa más tiempo cerca de nosotros….

        Me alegro por Clarisse! disfrutad del jardín y de los paseos…veo que está otra vez más fuerte!

  2. Ese cielo le encantaría a la mía, solo que nunca ha probado el yogurt!!
    Cómo se llamaba? Siempre, siempre vivirá en tu recuerdo.Seguro que hasta presientes a veces que corre entre tus piernas.

  3. Jehane, tras leer tu relato, me pongo en pie y aplaudo.

  4. Entrañable relación, y admirable tu dedicación a tu gata. Saludos para los tres gatos ,y claro, también para vosotros tres, Jehane, L &L y Australs1.
    Mis gatos se relamen de gusto al contarles la historia. miaaauuuu

    • Plácido seguro que conoces ese Hadith que relata que Mohammed tenía una gata que llevaba incluso con él a la mezquita, de ahí que los musulmanes tengan una especial relación con los gatos. Supongo que esto solo sirve relativamente para explicar que en países como Marruecos el gato tiene una cierta connotación “sagrada”. No se puede hacer daño a un gato porque eso conlleva no acceder al paraíso. Al gato se le reconoce que tiene el poder de desenmascarar a Shaytan (el diablo), por eso es bueno tener alguno cerca.Y cientos de creencias más que seguramente tienen raíces preislámicas y que han quedado ancladas en los comportamientos desde hace siglos.
      Por eso verás que en muchos cafés de Marruecos los gatos siestean tranquilamente en las sillas sin ser molestados o que en ciudades como Essaouira es corriente ver lugares dónde la gente lleva comida para los gatos callejeros.Que por cierto también ví en muchos sitios de Grecia, dónde también adoran a los gatos.
      Hay un maravilloso libro que aconsejo a todos los que le gustan los gatos. No se si está en español pero yo tengo la versión francesa, la original, “Dictionnaire amoureux des chats” de Frédéric Vitoux, en el que se recopilan anécdotas, informaciones y sobre todo la vida y aventuras de los gatos del académico y ahí si uno ama a estos animales puede deleitarse.

  5. También en Estambul los orondos gatos esperan pacientes junto a los restaurantes.
    En mi caso, no llego al cuidado maravilloso tuyo, los míos no entran en casa, viven en un nuestro jardín , rodeado de olivos, y donde los perros saben que no deben de entrar, no por que se lleven mal sino para evitar ciertas disputas por la comida. Me encanta ver salir a mi hija rodeada de gatos y algunos perros a pasear por el campo, es curioso como los gatos no temen si al bruto Labrador ni al nervioso cachorro de Pastor Alemán,
    se crían juntos y se respetan.
    Hace unos años, en un invierno helador, en una casita de madera para perros, se resguardaron dos perritos melenudos de raza indefinida, tres gatos y un vieja gallina que había sido expulsada de gallinero por las jóvenes, todo un ejemplo de convivencia para la Humanidad.
    Pero también hay mucha crueldad, el mes pasado desapareció mi gata favorita, una gatita blanca , joven y sorda, fue expulsada por otra hembra gris y muy mimosa pero muy territorial y arisca con sus congéneres.

    • A ese paraíso tuyo le encantaría apuntarse a mi gata, hasta a mí. Eso de estar entre olivos le encanta. Es en un campo con unos cuantos olivos dónde Clarisse se escabulle y corretea. A los olivos salta y bajo un tupido olivo se esconde cuando no quiere volver. Es una gata muy mediterránea!!
      Me alegra que también te gusten los gatos con lo que me siento reconfortada. Creo que las personas que aman a los animales aman también mucho más a los seres humanos.

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