UN PARAÍSO ACCESIBLE AL RITMO DEL VIENTO, LA ISLA RODRIGUES

“ Sentí que estaba en un lugar excepcional, que había llegado al fin del viaje, al lugar en que debía desde siempre venir”

J. M. Le Clézio “Voyage à Rodrigues”

 Rodrigues es una pequeña isla a la que su hermana mayor, la isla Maurice, hace sombra. Situada a 560 km al  noroeste de Maurice, Rodrigues es la más pequeña de las islas del archipiélago de las Mascareñas. Es una isla volcánica y muy montañosa, rodeada de increíbles arrecifes coralinos que hacen las delicias de los buceadores. Tiene 108km2 (18km de largo por 8 de ancho) y 18 islotes que la rodean .La costa es muy rocosa, pero pueden encontrarse playas desiertas en las que sentirse como un Robinson.

Mapa de Rodrigues

De Rodrigues, con más o menos fortuna sobre su emplazamiento, ya hablaban los navegadores portugueses en el s XVI, su nombre deriva del explorador portugués Diogo Rodrigues que descubrió la isla, o más bien la visitó sin detenerse demasíado en 1528. Aunque su descubrimiento bien puede atribuirse a los navegantes árabes, ya que en  el 1153 aparecía en un mapa realizado por el  geógrafo árabe andaluz  Al Idrissi que  mostraba las tres islas Mascareñas y denominaba a Rodrigues como Dina Moraze.  Como breve reseña histórica diremos que no fue habitada hasta 1691. Perteneció a Francia hasta 1810 y posteriormente fue colonia británica hasta la independencia de la Isla Maurice en 1968 en que pasó a depender de ella.

Aterrizando en Rodrigues

La primera colonización de la isla fue hecha por un grupo de 8 protestantes franceses, con François Leguat a la cabeza, que huían de la persecución religiosa a la que se sentían sometidos en Francia. A la vista de las colinas de Rodrigues exclamaron que habían descubierto el “Paraíso terrenal”.Dos años después, aburridos de estar solos deciden ir a Maurice. Las desgracias les acompañarán y solo 3 de ellos podrán regresar a Francia. Leguat escribió la primera crónica sobre la isla en la que habla y describe pormenorizadamente la flora y la fauna que la poblaban.

Los vientos azotan la isla

La siguiente colonia no se estableció hasta 1735 por orden de Francia con la instalación de un regimiento que se dedicó a capturar miles de tortugas. No es hasta 1792 en que llegan a la isla verdaderos colonos. Después de diversos ataques entre ingleses y franceses no fue hasta el año 1837 en que los colonos la habitaron ya sin interrupción.
Actualmente la población que reside en ella, unas 38000 personas, es mayoritariamente de origen criollo descendientes sobre todo de esclavos africanos y de malgaches que viven en su mayoría de actividades que tienen que ver con la pesca, la agricultura, la artesanía y estos últimos años el turismo naciente.

Panorama de Rodrigues

Desde el año  2002 en que accedió a la autonomía, Rodrigues se administra gracias a una Asamblea regional y a un consejo que se reúnen cada semana..
Al contrario que Maurice, que está invadida por el turismo, Rodrigues es un lugar tranquilo y auténtico. Ruda y austera la describen sus habitantes, colinas resecas por el viento, playas poco accesibles, costas rocosas…calma increíble. Eso es lo que le confiere su particular encanto. Campos dónde pacen vacas y ovejas, pueblos dispersos o simplemente casitas dispuestas en el paisaje con los vecinos a la puerta que comparten un buen vasito de ron. El paisaje está forjado por el viento que ha modulado los árboles hasta dejarlos casi como esqueletos. El sol sale pronto, sobre las 4.30 de la mañana los rodriguenses ya están realizando las tareas del campo y de la pesca. A partir de las 4 de la tarde los comercios y administraciones cierran y los habitantes se refugian en sus casas, pues la noche, como en el trópico, se presenta de improvisto.

Playas rocosas y solitarias

Aunque la modernidad llega a la isla con el uso de Internet (eso sí lento y con cortes inesperados), o el teléfono móvil, lo hace despacio y de manera moderada, sus habitantes no quieren sacrificar su modo de vida en aras a un turismo destructor del medio ambiente.

Toda la isla merece que se la visite y que se tome el tiempo de explorar sus rincones más recónditos pero existen varios lugares interesantes que no hay que perderse como la famosa caverna Patate que se adentra más de 1 km en las profundidades y que posee  impresionantes estalactitas y estalagmitas.

En el pequeño pueblo de Rivièra Banane se encuentran dos de las playas más impresionantes de la isla. En bahía Topaze uno puede sentirse olvidado del mundo.

Islotes en la laguna

El litoral puede recorrerse en gran parte a pie ya que existen numerosos senderos y realizando una media de 10 km diarios, se tardarían 5 días en dar la vuelta completa a la isla. Es un placer sin límites encontrar una playa paradisíaca a la vuelta de un camino.

Las más bellas playas tienen nombres evocadores, Pointe coton (punta algodón),Trou d’argent (agujero de plata), Saint François…otros nombres sugerentes detallan la geografía de la isla:  la Pointe du Diable (punta del diablo), la Baie Topaze (Bahía Topacio) o le Mont Piquant (Monte picante)…La montaña más alta es el Mont Limón (Monte limón) que solo tiene 400m.

La belleza de la laguna

La capital, Port Mathurin que cuenta con apenas 6000 habitantes, continúa siendo un pequeño pueblo tranquilo lejos de cualquier tipo de agitación, casas con puertas y ventanas coloreadas, antiguas mansiones coloniales, pequeños jardines, tiendas en las que se vende de todo y en las que es preciso buscar entre las montañas de mercancías dispersas para encontrar lo que se quiere, viejas tabernas con hombres jugando al dominó ante un vaso de ron…es otro mundo suspendido en un tiempo pasado. Lejos de los clichés al uso Rodrigues es una isla diferente, tranquila, olvidada por los turistas hasta hace bien poco y en la que sus habitantes quieren seguir llevando un ritmo de vida sin sobresaltos. Las carreteras están aún poco desarrolladas, hay pocos medios de transporte y no es extraño ver gente andado por las rutas que hace autostop a cualquiera que pase. Todos se conocen en Rodrigues y uno tiene la impresión de que se trata de una gran familia que comparten un mismo destino.
El sábado en Port Mathurin tiene lugar un colorido mercado en el que poder comprar todos los artículos de la artesanía local, como los sombreros de paja, los cestos o la miel que es reputada por su pureza.

Playa de Trou d'argent

La flora y la fauna que en otro tiempo fueron la riqueza de la isla, han sufrido los ataques de la civilización. Muchas de las plantas y animales endémicos que la poblaban han desaparecido. Otras como el murciélago roussette de Rodrigues son en grave peligro de extinción, aunque en los últimos años la población ha recuperado desde los 70 a 100 individuos en los años 70 hasta casi 900 en la actualidad. El naturalista Gerald Durrell recogió especímenes de este murciélago y los aclimató en cautividad para poder así proteger la especie. Entre las especies vegetales que aún pueden verse están la planta llamada “café marrón”, o “la mandrinette” y entre los animales la fauvette o el cardenal amarillo. Las tortugas gigantes que la poblaban han desaparecido, así como alguna especie endémica de pájaro incapaz de volar y muy parecido al dodo de Maurice, el solitario de Rodrigues que Leguat pudo ver y dibujar cuando visitó la isla. Las tortugas se extinguieron a finales del s XVIII debido al exceso de capturas pero algún proyecto ha visto la luz desde entonces y ahora sigue habiendo importantes colonias de aves en los islotes de la laguna.

Vista de la laguna y los islotes

En el 1691, François Leguat se estableció durante dos años en Rodrigues. Sus impresiones, recogidas en un relato de su viaje publicado en Londres en 1708, nos dejan la impresión de una isla salvaje llena de vida. Leguat se encuentra con miles de tortugas, tantas que dice que podría recorrerse la isla pisando sobre sus caparazones.

Tortugas en libertad

La reserva de tortugas François Leguat nació a partir del año 2005 y fue el sueño de dos expertos en medio ambiente, Owen Griffits y su esposa que deseaban hacer un proyecto para la reintroducción  de la tortuga gigante de de Rodrigues. Hoy el centro está en pleno funcionamiento desde el 2007 a través de una reserva que rinde homenaje al primer hombre que describió la fauna de la isla. La reserva está ubicada en plena naturaleza y cuenta con una sucesión de cavernas subterráneas que recorren todo el subsuelo. Hoy viven  en ella 1100 tortugas de Aldabra y tortugas estrelladas entre más de 130000 arbustos y árboles replantados para recrear la flora original de la isla, de ellos 145 son originarias de Rodrigues y 25 especies son endémicas. De algunas de ellas quedan menos de 10 ejemplares en la naturaleza.

Tortugas e imagen de la reserva

Las tortugas en tiempos de Leguat debían sobrepasar los 300.000 ejemplares, la última desapareció a finales del s.s XVII. Las dos especies introducidas actualmente en la reserva no son las que originalmente vivían en Rodrigues, sino parientes próximas de Maurice. La tortuga de Aldabra es una de las más grandes de las tortugas gigantes, pesa unos 250kg en edad adulta y puede vivir 100 años, la estrellada es la más hermosa de las tortugas terrestres, su peso puede llegar a los 10 kg y la más vieja conocida llegó a los 189 años. La intención de los gerentes de la reserva es que todos y cada uno de los animales endémicos de la isla estén presentes en la reserva.

La reserva está situada al sud este de la isla en Anse Quitor, a solo 10 min del aeropuerto y para visitarla la tarifa es de unos 8 € (285 rupias) .

Reserva de tortugas François Leguat

En cuanto a la flora, que antes de la llegada del hombre era de un bosque denso y lleno de vida, se ha realizado un proyecto de reforestación para frenar la erosión de la laguna lo que ha dado lugar a un verdadero manglar que se ha ido extendiendo. Los habitantes se han dedicado a reimplantar especies vegetales endémicas, algunas con nombres evocadores y misteriosos, como madera de hierro, madera de mango, madera apestosa, café marrón… Los bosque originales de Rodrigues habían sido quemados por los cazadores de tortugas  y muchas de las especies originarias de plantas sirvieron de pasto a los animales que se habían introducido como las cabras, vacas y ciervos. Ratas, gatos y cerdos introducidos por el hombre terminaron con los huevos de muchas especies endémicas. En el corto espacio de 300 años la flora y la fauna de Rodrigues fueron diezmadas.

Los fondos marinos de Rodrigues

Pero lo más impresionante es la fauna que puebla los arrecifes de coral, verdadero paraíso para buceadores. En la laguna se dan citas numerosos especímenes de tiburón o la inmensa barracuda. Cerca de las playas hay colonias de pepinos de mar, erizos o peces piedra que pueden producir pinchazos mortales si se marcha descalzo.

Los manglares

El arrecife de coral sirve de barrera protectora dentro de la cuál se extiende una laguna de aguas poco profundas con varios islotes que rodea la isla. Entre  estos islotes se encuentra el de Coco de apenas 500 m de largo y que es una reserva ornitológica. Para visitarlo es preciso disponer de un permiso que expiden las autoridades locales, aunque solo se puede acceder a una parte. En cambio no es posible acceder al islote vecino de Sables reserva también ornitológica. El islote de Coco se encuentra a 4km de la costa y se llega hasta él en piragua, aunque el último km es preciso hacerlo  a pié, debido a que la poca profundidad de la laguna hace aflorar a los corales y los bancos de arena, haciendo del viaje toda una aventura. Solo una parte se visitará para observar a las miles de aves que la pueblan, siempre bajo la mirada de los dos guardianes que velan para protegerlas. La isla está invadida por los pájaros desde la sterna repressa que en Rodrigues llaman el “pájaro de la virgen” por su blancura, el noddi o charrán que denominan “mandarin” o el denominado yeyé o charrán sombrío al que los habitantes dan este nombre por su grito particular.

El pulpo u ourite secando al sol

Una de las actividades que más sorprenden al visitante de Rodrigues es el trabajo que desarrollan más de 600 mujeres de la isla, la de pescadoras de pulpos (en criollo piqueuse d’ourite) , trabajo durísimo y que está sujeto a múltiples peligros, como las picaduras de las temibles rayas, o las mortales del pez piedra, o el mordisco de las morenas. La única ventajan que encuentran a su labor, es que las autoridades les asignan un pequeño subsidio cuando por causa de mala mar esto impide que trabajen. El exceso de capturas de pulpos se deja sentir en la disminución progresiva del número de ejemplares capturados, así como en el tamaño menor de los especímenes actuales en comparación con lo que se pescaba hace unos años. Muchos pescadores han cambiado su actividad hacia la pesca del pepino de mar, que es un manjar codiciado por la población de origen chino. Pero la disminución de la pesca en la laguna es flagrante y muchos rodríguenses pobres que la tenían como despensa ya no pueden contar con la pesca como manera de subsistencia.

Para llegar a Rodrigues es preciso pasar antes por Maurice desde dónde hay vuelos cotidianos que tardan 1h 30 min (el precio oscila entre 150 y 200€) y un barco ferry semanal que lleva a la isla y que gestiona la empresa Mauritius Shipping Corporation que tarda unas 36 horas en la travesía y ofrece cabinas desde 1350 rupias (35 €) . Se aterriza en una pequeña pista que parece suspendida en otro mundo, casi sobre el mar. Desde la  isla de la Reunión se puede volar dos veces por semana haciendo escala en Maurice.

Playas solitarias

Rodrigues sufre de ciclones potentes que además de modular el paisaje crean un verdadero problema para sus habitantes. La temporada de ciclones suele situarse entre enero y febrero, que son los meses menos aconsejables para visitarla. De noviembre hasta abril se extienden los meses de verano con temperaturas entre 28º y 32º.

El cambio climático se ha dejado sentir también en la pequeña isla, la sequía es más persistente. Incluso los huertos sufren de la falta de agua y los habitantes se empobrecen al no poder cultivar las verduras para la subsistencia porque todo lo que viene de fuera es caro. Rodríguez  siempre ha sido mucho más seca que Maurice, pero en los últimos años la escasez de precipitaciones lleva a generar verdaderos problemas de abastecimiento de agua potable por lo que hay varios estudios en marcha para poder encontrar una solución. Mientras los habitantes, amables y cercanos siguen llevando una vida tranquila a pesar de los problemas, de la escasez de reservas de agua, de los poderosos ciclones que la azotan, de la falta de perspectivas para los jóvenes o del agotamiento de las reservas de pesca. Rodrigues vive suspendida en el tiempo, al ritmo del viento, y a pesar de ello en calma.

Quiero agradecer su ayuda a  Stéphane Sinclair que dirige y coordina la BNM (Biblioteca Numérica de Mauricio) por sus informaciones y particularmente a Aurèle Anquetil André , Director General de la reserva de tortugas que me ha proporcionado toda la información necesaria.

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