UN TESORO A LAS PUERTAS DEL DESIERTO: LA ZAWIYA NASIRIYA DE TAMGROUTE

IMPRESIONANTE PAISAJE DEL VALLE DEL DRAA

El sentimiento que me produce descubrir ciertos sitios perdidos, o poco conocidos, se asemeja al que tiene un niño cuando abre los regalos que se han depositado a los pies del árbol de Navidad. Es un júbilo indescriptible, una sensación de inmensa felicidad. Es difícil que a uno le ocurra eso con un país al que siente como suyo desde hace décadas y sin embargo hay tanto por ver que me sigue pasando con frecuencia, incluso en ciudades turísticas, visitadas por miles de viajeros y de las que se han escrito millones de páginas. Creo que con los años voy adquiriendo una manera de ver las cosas mucho más receptiva. Sin duda a ello contribuyen mi conocimiento de la lengua, el acercamiento progresivo a la religión y a la cultura que siento ya como mías. Para conocer mejor Marruecos he dejado mi forma de ver las cosas con la mirada occidental para adentrarme en otro universo en el que son vistas con otra perspectiva. Me he despojado de todo prejuicio para darme al fin cuenta que hay otras maneras de vivir y de pensar que pueden llevarme a comprender mejor una realidad que para muchos es desconcertante. Que todo funciona a otro ritmo es lo primero que un neófito en este país percibe al llegar.

 LA ZAWIYA O MONASTERIO

Hay muchos Marruecos y el sur del sur es uno de ellos. Para llegar a Zagora hay que realizar un viaje de más de 6h desde Marrakech por carreteras que suben laderas vertiginosas como la del famoso Tizi n’Tichka que queda cubierto de nieve e infranqueable durante muchos días invernales, adentrarse en las tierras presaharianas, que parecen surgidas de un paisaje lunar, mientras se sube el Tizi n’Tinififft que es menos espectacular que el anterior, pero que horadado por un oued, ofrece en época de lluvias sensaciones espectaculares. Después se llega al más grande palmeral del país situado en el valle de río Draa que transcurre hacia Zagora, la pequeña población capital de la provincia.

Subida del Tizi n'Tinififft con la garganta horadada por el oued

Tamgroute se encuentra a unos 20 km de Zagora en la orilla contraria  del río Draa. Es una pequeña ciudad de unos 6000 habitantes, una de las últimas poblaciones antes de llegar a la frontera argelina. La población actual se compone mitad de bereberes y mitad de árabes.

Tamgroute, que se encontraba en el camino que las caravanas tomaban para ir hacia Tombouctú, tuvo desde el s XI un importante papel como centro religioso. Abú Hafs Iben Ahmed Al Ansari fundó en el 1575-76 una escuela coránica que dispensaba sus enseñanzas a alumnos que venían de muchas partes del mundo musulmán.

La Zawiya Nasiriya

La orden Nacirí aparece en un momento de gran crisis social en el Magreb propiciada por la muerte del sultán saadian Al Mansour en 1603. La batalla que se libra por la ascensión al poder tiene una enorme repercusión en las zonas del norte del Sahara en las que emergen poderosos líderes religiosos. En el valle del Draa el cheick Mohammed Bin Nasir (1603-1674) se ha ido labrando una reputación de hombre sabio y acaba por ganarse el respeto de la población arrastrando a gran número de seguidores de sus enseñanzas. Bin Nasir, que había nacido en Aghlou, llega a Tamgroute en 1631, funda la Zawiya (una especie de monasterio o escuela coránica con un maestro que dispensa sus enseñanzas) y enseña en ella alrededor del 1640. Se convirtió por entonces en un importante centro del Islam sufí y su influencia fue tal que financiaba otras zawiyas en diferentes regiones de Marruecos, como la del valle del Souss, en la población de Irazan, que llegó a tener más de 500 estudiantes. Esta universidad Coránica adquirió tal reputación que hasta ella llegaban más de 1500 estudiantes de Oriente Medio y África.

La Zawiya con la imagen de la mezquita

La corriente sufí busca la revelación y la aproximación a Allah a través de la pureza, la contemplación y la sabiduría y para ello se dedica al estudio en profundidad del Corán y de los textos científicos. Los sufíes consideran que toda realidad tiene dos caras, la exterior y otra escondida a la que es preciso llegar a través del conocimiento. Los sufíes se organizan en cofradías al mando de un jefe espiritual y es sobretodo a partir del sXII y XIII  en los que se encuentran dentro de una organización estructurada. El Cheick dispensa su enseñanza a sus discípulos que realizan juntos una serie de ejercicios como las veladas, las letanías, o las danzas.

La tumba del santo

Bin Nasir escribió numerosos tratados sobre la religión islámica y amplió las enseñanzas de la cofradía Chadhiliyya y de su fundador Abu Hassan al Chadhili (famoso santo sufí marroquí del s XIII) que luchó contra el integrismo religioso.

El minarete

Su sucesor fue su hijo Ahmed Bin Nacir (1647-1717) que peregrinó 6 veces a La Meca y atravesó para ello numerosos países. En cada uno de sus viajes fue fundando ramas de la cofradía que su padre había creado. Es autor de un libro de memorias que recoge sus peregrinaciones “El Rihla”, nombre con el que se conoce también a un género literario árabe que recoge los escritos de viajes ( en parte traducido en 1846 por A. Berbrugger) . Durante sus viajes Ahmed Bin Nacir, que era un apasionado de los libros, recopilaba todo lo que iba encontrando sobre el Islam y así fue creando una gran biblioteca que se convirtió en una de las más ricas de África del norte. Llegó a acumular más de 4000 manuscritos de gran valor. Algunos han sido dispersados a otras bibliotecas de Marruecos y otros han desaparecido, pero el fondo de la biblioteca sigue conservando miles de obras magníficas.

La hermosa puerta labrada del edificio del santuario

La actual Zawiya se yergue con sus techos verdes en la tierra roja del valle del Draa. Se compone de una mezquita, una medersa para estudiantes del Corán, la tumba del fundador y la famosa biblioteca. Desde su fundación todos los líderes de la cofradía han seguido siendo los descendientes del fundadory todos ellos jugaron un gran papel en la trasmisión de la doctrina sufí.

La venerada tumba

La Zawiya, que se reconstruyó en 1869  tras ser destruída por  un incendio, ha vivido en autarcía del poder central durante siglos. Sus fundadores quisieron crear en Tamgroute una medina para levantar el estatus del pueblo y reunieron en él a una serie de artesanos y comerciantes traídos desde Fes, con el que Tamgroute mantenía estrechas relaciones. De esta época queda la tradición de la cerámica verde que ceramistas de Fes trajeron con ellos. La Zawiya percibía tributos de sus adeptos con los que poder hacer frente a sus necesidades y realizar obras caritativas. Los numerosos rebaños de que disponía se confiaban a la tribu de los Oulad jellad que eran nómadas y los pastoreaban. También poseía tierras fértiles que hacía fructificar. Con este sistema lograban sustraerse al poder del sultán.

Decoración del interior

Actualmente la zawiya ejerce una gran atracción entre los habitantes de la región que vienen a rogar en la tumba del fundador por su intersección. Es refugio de numerosos pobres que se quedan en sus instalaciones esperando una limosna de los visitantes.

La biblioteca que surgió del desierto

El tesoro de la zawiya es la pequeña y polvorienta biblioteca, un espacio simple amueblado con estanterías de cristal en el que duermen joyas centenarias. Algunas pueden verse encerradas en cajones acristalados llenos de la arena del desierto, unas mesas centrales destinadas a los estudiosos que pueden tocar semejantes reliquias sentados en sillas escolares y poco más. Es un lugar espartano y que a simple vista se asemeja más a la biblioteca de una escuelita rural que a una biblioteca que contenga tales riquezas. Delante de la biblioteca los obreros están arreglando un pequeño patio, junto a ella la escuela coránica, en la que estudian alrededor de sesenta pensionarios. El guardián de tales tesoros es un viejecito apergaminado y minúsculo que recibe a los visitantes intentando explicarles algunos datos en su propia lengua. Ali Khalifa Bent Hassan lleva 59 años al servicio de la zawiya como bibliotecario y me recibe encantado al saber que soy una colega. No hay dinero para preservar los fondos y eso que estudiosos de muchos países del Golfo Pérsico se acercan hasta aquí para ver in situ los manuscritos, incluso un americano, David Gutelius, ha escrito una tesis sobre el lugar. Pero todas estas visitas no se han concretado en ningún plan de salvaguarda, ni en la protección para generaciones futuras de tan valiosos libros.  Hace unos años se hablaba de un acuerdo entre Marruecos y Alemania para la digitalización del fondo documental, pero el tiempo ha pasado y palabras como digitalizar suenan demasiado futuristas en una biblioteca que necesitaría al menos estanterías adecuadas para la exposición de los documentos, de un sistema de protección frente a los insectos y de higrómetros para mantener el grado de humedad y la temperatura adecuados. Todos estos simples instrumentos y medidas que parecen ya sacados del pasado en las bibliotecas actuales son sin embargo un lujo en Tamgroute. Alí Khalifa me confirma que el clima seco del desierto ha ayudado a preservar los documentos y que felizmente carecen de problemas de insectos que si afectan a otra parte de la zawiya, concretamente a la tumba del santo. Veo diseminadas por las estanterías bolitas de naftalina o algo similar, que supongo son las que han mantenido a raya a los intrusos. Me encantaría llevarme un recuerdo de este lugar porque según voy recorriendo las estanterías, y Alí Khalifa me va contando de qué tratan los ejemplares expuestos, mi asombro va en aumento. Confieso que en algún momento se me pone la piel de gallina porque sé que soy una privilegiada al poder contemplar documentos semejantes, que pueden desaparecer en cualquier momento por una desgracia climática, un incendio, un robo, o por los daños causados por la mala conservación. Tal vez nunca tenga la posibilidad de volver aquí y de retomar la conversación con el bibliotecario. Alí Khalifa creo que ha percibido mi entusiasmo por el lugar y por sus tesoros y me permite en voz baja y cuando han salido los últimos visitantes, que haga una foto del lugar y de los libros, pero les tengo demasiado aprecio para pensar en provocar algún problema con mi cámara, ya que las fotos están prohibidas, y me limito a hacer una foto de la biblioteca. No tendré nunca una imagen de los arabescos iluminados, ni de la escritura de Avicena o Averroes , nunca podré contemplar en mi casa lo que me hizo vibrar en Tamgroute, pero los guardo en la memoria, en el corazón y tal vez por ello, porque no me llevé ninguna imagen, cuando ya estén borrosos en el recuerdo, deberé volver para verlos. Es un deseo que espero ver cumplido, aún me queda tanto por visitar en la región que será la excusa perfecta para volver por la Zawiya. Pero si que me he llevado una foto de Alí Khalifa en la entrada de su dominio, no podía salir de allí sin mostrar al guardián del tesoro que tantos años lleva contemplando estos manuscritos y velando, al menos en su pobre medida, contra su degradación. Tengo que volver porque el tiempo ha sido limitado, y porque quiero preguntar tantas cosas que se me ocurren ahora.

Ali Khalifa el bibliotecario

Si algún día, que espero no llegue nunca, los salafistas tomaran el poder en Marruecos, cultos tan respetuosos del otro como el sufí, estarían en peligro y manuscritos como estos podrían desaparecer en la tormenta del integrismo. Mi deseo es que se digitalicen cuanto antes para que puedan permanecer para la posteridad.

Manuscritos para la memoria

De los miles de manuscritos que se encuentran en la zawiya si solo algunos de ellos formaran parte del fondo documental de una biblioteca en cualquier otra parte del mundo, serían considerados por si solos como uno de sus mayores tesoros, tener tantos juntos es un privilegio. Algunos de los manuscritos que datan del s XI están escritos con pluma de cáñamo que se mojaba en jugo de nuez. Los iluminadores usaron tinte índigo para el azul, henna para el rojo ,una decocción de hierbas para el verde y el azafrán para el naranja. Algunos manuscritos están encuadernados en piel de gacela y  en otros el papel está creado a partir de corteza de tamarindo. Muchos vienen de Granada, de Sevilla, de Córdoba, o de Toledo. El más antiguo data 1063 y es un manuscrito cordobés.

La biblioteca

Entre los que más me llamaron la atención y que son los que están expuestos en las vitrinas con las páginas abiertas:

-Un Corán del s XIV en caligrafía cúfica que es un estilo de grafía árabe muy antigua y que se desarrolló a partir de la ciudad iraquí de Kufa proveniente de la antigua caligrafía siríaca. Los trazos cúficos tienen formas rectas y ángulos. Hay una gran diferencia entre la escritura cúfica que se desarrolla en la Península árabiga y la de los países del norte de África.

– Numerosos escritos de Ibn Sina (Avicena) , Ibn Rushd (Averroes) y El Khawarizmi famoso matemático y astrónomo del s IX.

-Una traducción de Pitágoras al árabe

-Un plano del Alejandría y del delta del Nilo que data del s XIII.

-Un mapa celeste con los signos del Zodíaco recubiertos de oro.

-Un libro de álgebra del s XVI dónde cada cifra de color violeta ocupa toda la página.

-Tratados de gramática árabe, diccionarios, tratados de álgebra, matemáticas y de astronomía.

-Un curioso diccionario turco/árabe.

-Un manuscrito en berebere escrito con caracteres árabes que data del 1600.

-Escritos sobre medicina  como un curioso tratado sobre enfermedades y su tratamiento. En tintas diferentes aparecen una explicación de la enfermedad con su sintomatología y en otro color aparecen los remedios asociados a ella.

-Un tratado de farmacopea datado del s XIII.

-Un tratado de genealogía

-Coranes iluminados

Peregrinos de la Zawiya

Nuestro improvisado guía

Los peregrinos pululan por los patios de la zawiya en espera de la ayuda del santo, son en su mayoría pobres que no tienen dónde ir y algunos de ellos con problemas mentales. Todos esperan las limosnas de los visitantes pero nadie pide nada, se mantienen a la espera. Al salir, una peregrina nos ruega que la dejemos en Amezrou, la población contigua a Zagora. Durante el camino nos cuenta la dureza de su vida de viuda, pero al mismo tiempo nos sorprende su actitud en la que intuimos claramente que nos exige casi una limosna. Son 18 km en los que no ha parado de hablar y de quejarse de su estado.Nos cuenta que está de visita en la Zawiya porque desde que perdió a su esposo tiene los nervios destrozados y pega a sus cinco hijos. Es una situación embarazosa y nos sentimos molestos, nos embarga un sentimiento extraño, la limosna que preconiza el Islam es un ejercicio obligatorio para un musulmán, pero no debe de convertirse en la manera de vivir de una persona que puede tener otras salidas. A nuestras preguntas de porqué no busca algún trabajo para salir adelante nos responde con evasivas, le recordamos sus deberes de madre y el error del maltrato a los niños. El sentimiento mágico con el que dejamos la Zawiya ha quedado atrás, y nos topamos de bruces con la realidad.  En la Zawiya hemos dejado nuestra ayuda a las personas que ni siquiera nos la solicitaron, pero ahora somos incapaces de reaccionar ante tanta insistencia. Cuando baja del coche, perdidas sus esperanzas de recibir algo, la veo alejarse, negra silueta en una tierra roja, moviendo al andar los velos con los que se oculta. Mañana seguramente volverá a la Zawiya a reclamar ayuda al santo y a vivir de la limosna, pero pienso en sus hijos y en su vida y me lleno de tristeza porque el santo no podrá realizar tantos milagros que hagan cambiar la vida de todas estas personas, y menos nosotros, peregrinos de paso. Tengo que volver, y hacer algo más. Tengo el sentimiento de una deuda pendiente…

Una respuesta a “UN TESORO A LAS PUERTAS DEL DESIERTO: LA ZAWIYA NASIRIYA DE TAMGROUTE

  1. Debe de ser emocionante, además de un privilegio, sentir la proximidad de tan antiguos manuscritos, en el mismo lugar donde fueron recopilados hace tantos siglos, testimonios de la sabidurìa de otros tiempos y que resulta asombroso que hayan sobrevivido a los insectos, la humedad, los integrismos religiosos, las envidias de otras cofradías, la rapiña colonial…
    Una curiosidad, en el remoto oasis de M´hamid, a 70 km de Tamegroute existe una perdida aldea de nombre Zaouia de Hna que me contaron pertenece a esta “hermandad “, y perteneció a su fundador en su día.
    Otro detalle, la palabra “zaouia ” significa en árabe “esquina”, y hace referencia a las esquinas dentro de las mezquitas donde el fundador y los maestros platicaban con sus discípulos.
    maasalam

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