LOS ZOCOS RURALES DE MARRUECOS: UN PASEO EN EL TIEMPO

     “¡Oh sombrío Mogreb! Perdura largo tiempo aún, amurallado, Impenetrable a las cosas modernas; vuelve la espalda a Europa, e inmovilízate en las cosas pasadas.

Duerme mucho, mucho tiempo,y continúa tu viejo sueño, siquiera para que exista aún un país en la tierra en el que los hombres recen sus plegarias…”

Pierre Loti

1. Apuntes sobre el zoco: Una economía paralela.-

El zoco cubierto de Marrakech. Souk Haddadine

El zoco (o souk en árabe), es toda una institución en los países árabes. Más que un simple mercado, es una inmensa sala de reunión en la que poder entablar relaciones, verificar el estado de la economía, o incluso flirtear con la política al ritmo de conversaciones pausadas junto a un vaso de té. En el zoco se compra, se vende, se hacen tratos y acuerdos de todo tipo. Toda ciudad árabe tiene su zoco, o mejor dicho sus zocos si es una gran urbe, agrupados por corporaciones y cuya situación geográfica y disposición, contrariamente a que pueda pensarse que se trata de algo arbitrario, obedece a reglas estrictas e inmutables a lo largo de los siglos. Cada oficio tiene su plaza, determinada por la categoría social de sus integrantes.

Bullicio en el zoco de Marrakech

En las grandes ciudades el zoco generalmente se instala en el centro de la medina, extendiéndose por múltiples calles y callejuelas. Originariamente ciudades como Marrakech se han desarrollado al abrigo de un zoco que era lugar de descanso y abastecimiento de las caravanas que se dirigían hacia Tombuctú.

Vendedor de frutos secos

Fuera de las murallas y el perímetro de la ciudad, solían establecerse los zocos de ganado y en ocasiones de verduras frescas, que los campesinos traían de los huertos de los alrededores. Aún hoy, en muchos lugares, siguen coexistiendo el zoco principal del centro y otros más pequeños enclavados en puntos estratégicos de las salidas de las ciudades.En cambio en los pueblos, el zoco ocupa un espacio delimitado en el exterior. Suelen ser de carácter semanal, algunos mensuales y otros anuales coincidiendo con Moussems o celebraciones especiales. Algunos pueblos incluso han llegado a existir alrededor de un zoco establecido semanalmente y han heredado de éste su nombre actual, así por ejemplo estarían las poblaciones de: Tlat Bougrada (zoco de los martes), Souk l’Arba (los miércoles), Khemis Zemmara (los jueves), Jamâat Shaïm (los viernes), Sebt Gzoula (los sábados), Had Draa (los domingos).

LLegada al descampado del zoco de los primeros campesinos

Si tomamos el ejemplo de Marrakech, los distintos oficios han ido dando nombre a los diferentes zocos, en  Souk Chouari se trabaja la cestería, en Souk Haddadine se forja el hierro, la madera en Souk Nejjarine, y la tintorería en Souk Sebbagine.

Los artesanos, elevados al rango de artistas, son el alma del zoco. Establecidos en corporaciones o cofradías con estrictas reglas y jerarquías, han dominado durante siglos y hecho perdurar los zocos. En esta jerarquía ascendente el maestro o maâlem es el artesano consagrado que tiene uno o varios aprendices a su servicio, dedicados a adquirir las reglas del oficio y perpetuarlo. Después de pasar una prueba de grado ante una comisión de maâlems, serán considerados a su vez como maestros y podrán abrir su propio negocio. Elegido por el resto de artesanos, la figura del amine hace oficio de conciliador. Si sus funciones dan resultado, un amine puede perpetuarse en el cargo, con el acuerdo tácito de los maâlems.

El corazón del zoco ha estado ocupado siempre por las mercancías consideradas de mayor valor, como sedas y joyas, y aún hoy son los lugares que mejor conservan el misterio heredado de siglos pasados. Las especias, por ser mercancías caras, dado que llegaban de lugares lejanos, han estado siempre en un lugar preponderante.

Ciertos oficios molestos se relegaban al exterior, como la tintorería del cuero o los mercados de animales. Otros se establecían en la periferia del zoco principal, como los distintos productos alimenticios pertenecientes a un rango distinto en el que nada tiene que ver el artesano.

Durante siglos se han considerado dos los oficios tradicionales en el mundo del zoco ya que han generado numerosos artesanos alrededor de ellos. Por un lado está el trabajo de la lana que pasaba de los cardadores, a los tintoreros, para terminar siendo tejida en hermosos tapices que aún hoy tienen en algunas ciudades un zoco especializado. Es tal vez el oficio artesano más antiguo del país. Por otra parte todos los oficios derivados del  trabajo del cuero, del que las crónicas ya mencionan en el s XIV la calidad de sus artesanos, y que pasará a denominarse universalmente como marroquinería.

En el zoco se producen tres principales formas de venta, por una parte el precio fijo que es lo más corriente entre los productos alimenticios, el precio fluctuante que da lugar al regateo entre comprador y vendedor, y la subasta,  o venta al mejor postor, que es la forma más corriente de intercambio en la parte denominada joutia.

La joutia y su colección inverosímil de trastos

Todo lo que en Occidente sobra

acaba siendo vendido en estos pequeños zocos

El único estudio serio hecho sobre el zoco, lo constituye el libro del antropólogo americano Clifford Geertz, “Le souk de Sefrou”, realizado  entre los años 1965 y 1971. El autor reflexiona abundantemente sobre los aportes del zoco a la economía general del país y sobre las relaciones sociales que se daban entre los distintos actores. Para  Geertz el zoco es una institución clave en la historia de Marruecos, tanto como pueda ser para China la burocracia de los mandarines.

Vendedor de frutos secos

A través del zoco como forma cultural, social y económica el autor desentraña muchas de las claves de la propia sociedad marroquí.

Geertz analiza los mecanismos de regulación del zoco, como el qirad, que es una especie de contrato, entre préstamo y asociación, que establece relaciones durables entre los contratantes. Una de las partes aporta el capital y el riesgo de la operación y no interviene en el negocio, con lo que se están tejiendo una serie de lazos intensos y de confianza entre ambos actores.  La  Zettat o derecho de paso por el que se paga un impuesto a la autoridad local para poder transitar por el territorio. Comerciantes ambulantes, entre otros, se someten a este sistema y extienden así el mercado a un ámbito regional. Por último el fondouk, lugar de reposo para los comerciantes ambulantes que distintas asociaciones caritativas alquilaban y con cuyos fondos financiaban el sostenimiento de los edificios religiosos. Originalmente albergues, florecían en los alrededores de los zocos, siendo además depósito de mercancías, o cuadra para los animales.

Verduras frescas de los alrededores

Para Geertz el bazar nace de la confluencia de los tres elementos anteriores. El fondouk  se convierte en un establecimiento que da lugar a distintos comercios formando un mercado permanente, y este comercio, que en un principio es  pasajero, pasa a ser permanente debido a las inversiones del qirad. La zettat o protección, da lugar a un mercado continuo y extenso geográficamente.

Vendedores de aceitunas

En Sefrou existían tres bazares y ello puede extrapolarse a la mayoría de los zocos de las distintas ciudades de Marruecos. Por un lado el bazar permanente en el interior de la medina, con sus tiendas y talleres. Los mercados periódicos, en este caso semanales, en los que se encuentran los mercaderes ambulantes, comerciantes locales y campesinos, y el mercado moderno, legado de la era colonial, que constituirían una serie de tiendas juntas.

Vendedor de especias

La nisba u origen de cada comerciante le predispone a una u otra actividad, por ejemplo los judíos que están dedicados a actividades comerciales tradicionales o artesanales. La importancia de esta comunidad en muchos de los zocos marroquíes ha sido profunda a lo largo de la historia.

La religión está presente en la economía del zoco a través de dos instituciones clave, el habús (propiedad material dedicada al bienestar espiritual) y la Zawia, esta última, cofradía de origen religioso a la que pertenecen muchos comerciantes.

A través del zoco se intercambian bienes y servicios, constituyendo un sistema económico aparte.

Distingue el autor entre los diferentes actores de la vida del zoco, el amine o mediador, original estilo de control social, así como una diferencia entre mercaderes y artesanos propiamente.

Para Geertz el intercambio (mbadla) es la base de la economía del zoco y la ausencia de información precisa sobre precios y mercancías, que da lugar al regateo, una de sus características principales. La fuerza de este intercambio reside en la palabra, por la que el comprador llegará a obtener lo que desea.

2. Zocos rurales: en el corazón del Marruecos ancestral.-

Transporte de animales hacia el zoco en Doukkala

En los zocos rurales, contrariamente a los de las ciudades, el artesano ocupa una plaza mucho menos importante, y un espacio menor. Este está ocupado en su mayor parte por los campesinos y seguidamente por los comerciantes ambulantes que recorren de zoco en zoco la región. Los artesanos están relegados a unos pocos oficios y dependen mucho de la región en la que se desarrolla el zoco, va desde oficios más tradicionales como los alfareros, sastres o zapateros, hasta otros más actuales, como los fotógrafos.

Pequeño café del zoco

La variedad de gente que puede reunirse en este espacio por unos días o unas horas, crea una pequeña ciudad efímera que ofrece todo tipo de servicios. Una parte importante del espacio lo ocupan los puestecillos de comida que proponen desde brochetas hasta té y buñuelos calientes.

Puesto de verduras

Verduras frescas de los huertos de los alrededores

Estos mercados son la ocasión para que los campesinos que viven en pequeñas explotaciones se acerquen a realizar sus compras a los pueblos. Puede vérseles con sus carrozas tiradas por caballos o mulos a lo largo de las carreteras. Las familias se reúnen para comerciar con sus productos y aprovechan para realizar visitas sociales. Son días de encuentros junto a una taza de té y un trozo de pan con mantequilla salada. Se va de casa en casa, como una peregrinación. Si la cosecha ha sido satisfactoria, algunos de los productos se usan como regalo a los parientes cercanos.

Una partida de damas en el puesto de higos chumbos que hace oficio de café

Los zocos rurales son el alma del verdadero Marruecos ancestral. Las costumbres ancladas en el tiempo siguen siendo las mismas. A la entrada del zoco se encuentra la tienda del f’qih, verdadero sanador de almas que vende oraciones y pequeños sortilegios basados en el Corán. Llevar uno de ellos colgado del cuello con un cordel le asegura a uno desde suerte en los negocios, hasta una próxima maternidad…pero es una protección contra el mal de ojo lo que la mayoría de los visitantes espera. El mal de ojo que causa estragos entre la gente. Se puede caer enfermo con solo presentir haber sido objeto de alguna de estas prácticas. El f’qih, investido de su aura de intérprete de los deseos de Allah,  recibe las donaciones de sus clientes que esperan en la cola ser recibidos. Algunos se acercan a la pequeña tienda y sentados sobre las alfombras que tapizan el suelo, recitarán junto a él versículos del Corán. Se trata de un acto de purificación por el que los pequeños errores del buen musulmán quedan perdonados.

La tienda del F'kih

El zoco reúne a los distintos comerciantes en espacios perfectamente delimitados para cada grupo. Los carniceros por un lado, no se mezclan con los vendedores de verduras, ni estos con los de frutos secos o especias, cada corporación tiene su situación.

Las sandías de Doukkala

Generalmente los vendedores de verduras ocuparán el espacio central y en las distintas alas se despliegan las cercas con los pollos aún vivos o las pequeñas tiendas de los carniceros con las cabezas de las reses colgando de un gancho.

Probando los melones

Cada uno rivaliza de ingeniosidad para hacer que los clientes potenciales se acerquen hasta ellos. Se gritan consignas de la frescura de los productos o de la belleza de sus colores y aromas, o del precio sacrificado por el que el vendedor se desprende  de ellos.

Zona central de las verduras

Los vendedores de verduras ocupan un lugar privilegiado en estos zocos de los pueblos. Las legumbres y verduras son esenciales en la alimentación, mucho más que la carne,  con la que muchos deben conformarse unos pocos días al mes. Los puestos dependen de las estaciones, ya que se venden los productos según las cosechas.

Habas frescas

Recorriéndolos uno puede hacerse a la idea de si la cosecha ha sido o no satisfactoria, si ha llovido, las frutas y verduras están a precios módicos y en abundancia, si no es así, se nota la carestía. La lluvia es el termómetro de la economía del país, la conversación constante entre este mundo de campesinos. Todo, absolutamente todo depende de ella. Si llueve los pastos son abundantes, el cordero no alcanzará precios exorbitantes para el Aid el Kébir, si llueve habrá dinero para las dotes, se podrán enviar los niños al colegio, comprar los útiles y abonos para la tierra…

Comprando los plátanos de Agadir

Los vendedores de carne se encuentran un poco más retirados, pues se considera que los olores pueden perjudicar a los visitantes. Entre el calor sofocante y el revoloteo de moscas y mosquitos, las cabezas de los animales se balancean suspendidas a un gancho. Esta presentación tiene una razón, expuesta así el comprador puede verificar la edad del animal del que adquirirá la carne, es casi como si la cabeza fuera el espejo del cuerpo.

Vendedores de aves en un lado

Especias y remedios ocupan un lugar privilegiado ,los poseedores de tales mercancías ejercen un poder sobre las mujeres que charlan animadas entre los botes de preparaciones curiosas, o entre pieles de animales que servirán para remediar no se que males misteriosos. Algún charlatán se cuela entre ellos y lanza sus llamadas alertando de la bondad de sus remedios únicos para tratar cualquier tipo de enfermedad, aprovechando la ignorancia de muchos de estos campesinos iletrados. Los Hlayki (literalmente “los que hacen corros”) reúnen alrededor de ellos a las multitudes mientras cuentan historias, gesticulan o dan saltos acrobáticos.

Campesinos llegando en carroza al zoco

El medio de locomoción más barato

Otra parte del zoco está ocupada por unos cuantos vendedores de ollas, cazuelas y platos para tajin. En los lugares en que la tradición de la alfarería es más fuerte suelen encontrarse a la salida del zoco grandes puestos con todos estos utensilios.

Enormes pilas de ropa usada en la que las mujeres se sumergen ávidas por encontrar algo a su gusto, útiles de labranza y aperos para los animales, ruedas usadas para los carros, muebles de múltiples procedencias, todo, o casi todo, tiene aquí cabida.

Montones de ropa usada

La joutia es la parte del zoco en la que se pueden encontrar toda una colección de objetos inimaginables, aquellos que uno pensaría que han desaparecido para siempre de la faz de la tierra. Originalmente nació como una especie de rastro en el que cualquiera podía vender un objeto al mejor postor en subasta pública.  Los potenciales compradores peregrinaban buscando pagar un precio mínimo. Poco a poco la joutia se ha ido asociando a todos los pequeños zocos rurales y convirtiéndose en un cafarnaúm de objetos varios, piezas de recambio, viejos artilugios casi inservibles, joyas antiguas, teteras  que han conocido tiempos mejores, y todo tipo de  electrodomésticos o enseres. En ellas muchos emigrantes venden los artículos traídos de fuera y esperan así sacar un dinero extra durante sus vacaciones. El espacio dedicado a esta actividad se ha ido agrandado con el tiempo y algunas joutias  son ya inmensas, como Derb Gallef y Derb Korea en Casablanca.

Al abrigo del zoco muchos oficios ambulantes plantan en ellos sus tiendas durante unas horas. No pueden faltar los peluqueros, dentistas o videntes. Las tiendas se suceden unas al lado de otras formando calles dedicadas a un solo oficio o a varios. Hay pequeños zocos rurales conocidos por su profusión de una u otra profesión. También hay cafés o pequeños restaurantes en los que poder degustar tajines o un simple té a la menta.

La tienda del barbero

La del peluquero

Pasearse entre esta marea humana es un ejercicio  de equilibrismo, sobre todo cuando se intenta pasar desapercibido y no llamar excesivamente la atención, cosa harto complicada. Me gusta el ambiente del zoco, presiento la pulsión de las vidas de todas estas gentes que se arremolinan entre los puestos, me gustan los olores, los gritos de los comerciantes, la música, los juegos de los niños, el olor a tierra y a verduras, a menta fresca y a especias, incluso los olores desagradables tienen aquí una connotación distinta. Uno puede toparse con una verdadera cohorte de los milagros, desde locos salidos de no sé que planeta lejano que desvarían y crean alrededor corros de curiosos, a otros que se dicen poseídos de algún demonio. Mujeres que leen en la mano la buenaventura, o que dibujan maravillosos diseños con henna, sanadores varios que ofrecen sus servicios a voz en grito, curiosos que se pasean indolentes entre los puestos verificando la mercancía con esmero para no comprar nada, niños que corretean tras un aro de metal, viejos que se pasean al sol o que echan una partida de dominó agachados en cualquier espacio libre.

Abuela y nieto de compras en el zoco

Y los colores relucientes de las pilas de verduras frescas, de las especias extendidas con esmero en barreños de plástico, de los dátiles y los higos secos que todo vendedor que se precie ofrece a probar a potenciales clientes. El color de las djellabas de las mujeres, rojos, verdes, amarillos luminosos.

Entre el griterío constante es fácil que se alce alguna voz para llamarte “nasranía” (más o menos cristiana) y convencerte para que te acerques a su puestecillo. Desde el f’qih que ve en cualquier europeo descarriado un alma potencial para salvar y que intentará por todos los medios llevarte hasta sus dominios, hasta los distintos vendedores que no pararán de ofrecer sus mercancías. Alguno se ilusiona si ve una cámara de fotos y rápidamente adopta una pose adecuada, no sin advertir a voz en grito al resto que va a salir en Europa. A esta llamada acudirán raudos los más animosos que se prestarán felices para participar en la parada. Si el  primero iba a salir en Europa, el resto se ven protagonistas de alguna película…

Un caballo espera paciente a que acabe su dueño

En la joutia me quedo mirando lo que nuestra civilización del progreso ha dejado como desperdicio a los países pobres, pantallas de ordenadores obsoletos, balanzas, piezas de coches o bicicletas, o bañeras descascarilladas que parecen haber naufragado en un mar de escombros. Entre todo este maremagno descubro a la pequeña princesa que como yo está mirando embelesada este despliegue de chatarra. Allí entre estos objetos inservibles es como una aparición de cuento.

La princesita rebuscando entre la basura

Detrás de una furgoneta me parece asistir a una conspiración, a alguna trama secreta, un negocio extraño se desarrolla entre tanto secretismo. Varios hombres se arraciman y esconden no se que mercancías y al acercarme con sigilo descubro que al fin solo están comparando el precio de…unas sandalias de goma!

No es un comercio ilícito, solo compran sandalias de goma

Pero la curiosidad me costará caro porque no ha pasado desapercibido mi interés por hacer fotos de todo lo que veo y en esta parte del zoco, en la solo encuentro hombres que compran y venden cualquier cosa, algún emigrante en Europa encuentra denigrante ser objeto de mi cámara y me reconduce sin amabilidad ninguna, no sin antes obligarme a borrar mis fotos. Para él, mi deseo de atrapar todo lo que veo, lo reduce a ser un mono de feria….Me apena esta postura pero nada puedo hacer ante su intransigencia y me vuelvo cabizbaja y dolida hacia el fondo del zoco, entre los campesinos que no han opuesto a mi curiosidad ninguna resistencia. Escapando de las críticas me escondo entre las pilas de  verduras y allí, en un pequeño puesto, lo descubro, tiene apenas unos meses y mientras su padre vende, él, en brazos de su madre, sonríe ilusionado mientras juega… con un pimiento.

El niño del pimiento

3.-Zocos con encanto.-

En todas las ciudades marroquíes, sean grandes, medianas o pequeñas, existe un zoco  que puede ser diario o semanal. Dejando de lado estos, harto conocidos por los turistas, hay en Marruecos algunos lugares rurales que son particularmente interesantes y curiosos por sus zocos coloridos y llenos de encanto, entre ellos los ligados a un Moussem o celebración, son particularmente interesantes.

Agdz: Situado en el valle del Draa en las faldas del Djebel Kissane, a unos 90 km de Ouarzazate. Su mercado de los jueves es conocido por la venta de dátiles de los palmerales cercanos y por las coloridas alfombras bereberes.

Ain Leuh: Situado a 25 km de la ciudad de Azrou en el Medio Atlas, es preciso atravesar un espeso bosque de cedros hasta llegar a él. Los miércoles se celebra un zoco reputado, aunque el lugar ha perdido de su encanto.

Asni: En la carretera al Djebel Toubkal a unos 47 km de Marrakech y a 1000m de altura, este pequeño pueblo posee un reputado zoco los sábados en el que se venden joyas y productos típicos de la región.

Demnate: Población cercana a las cascadas de Ouzoud, en el alto Atlas. Tiene un zoco  muy animado los domingos en los que se pueden encontrar productos típicos de la zona, como la cerámica o las aceitunas.

Imilchil: También llamado Souk al am (mercado anual), es tal vez el mercado más conocido del país entre los turistas. Situado a más de 2200m de altura en el alto Atlas. En el mes de septiembre hay un moussem de tres días, de viernes a domingo, en el que los jóvenes bereberes de los alrededores se reúnen para encontrar pareja, a lo que se une una gran feria de ganado entre las tribus vecinas. En los últimos años con la llegada masiva de visitantes ha perdido algo de su encanto inicial. Aparte de esta fecha, en el lugar se celebra el zoco todos los viernes y domingos.

El Jebha: Para llegar a este lugar es preciso bordear la costa a través de una hermosa carretera. Se encuentra a 52 km de Targa, en las montañas del Rif. En este pequeño pueblo de pescadores el día de mercado es el martes. Hay que tener cuidado con los insistentes vendedores de Kif.

Goulimine: En tiempos, importante centro del comercio del sur y puerta del Sáhara, y que hoy dormita entre las piedras. Tiene un zoco de camellos los sábados y un Moussem dedicado a este animal durante los meses de verano, cuyas fechas varían entre julio y agosto.

Had Gharbia: Pequeño enclave a unos 16 km de Assilah .Hay un zoco los domingos en el que se puede adquirir artesanía local y que reúne a los habitantes de muchas comunas vecinas.

Inezgane: Situado en el Souss, junto a la ciudad de Agadir, es conocido por su enorme mercado de frutas y verduras, principalmente los martes.

Moulay Driss Zerhoun: Pueblecito a unos 37 km de Meknes en el que se venera la tumba del Santo Patrón Moulay Driss. El último jueves de agosto tiene lugar un Moussem que reúne a miles de peregrinos. Es uno de los moussems que ha guardado más la autenticidad religiosa.

Oued Laou: Capital de la tribu de los Beni Saïd, a unos 50 km de Tétouan,  se encuentra en una hermosa bahía y en el zoco,  que tiene lugar el sábado, se reúnen las tribus de los alrededores. Es posible comprar artesanías de la región, como cerámicas y tapices. Es interesante visitarlo en julio durante el Moussem.

Rissani: cuna de la dinastía de los Alaouitas, es la capital del Tafilalet y tiene numerosos vestigios antiguos. Su animado mercado puede visitarse domingos, martes y jueves. De aquí es originario el famoso cuero filali, hecho con piel de cabra que se ha trabajado con cáscaras de tamarindo.

Sefrou: Es una pequeña ciudad situada a unos 30 km de Fes y reputada por su mercado de los jueves. Durante el mes de julio se celebra la festividad de la cereza que comienza el viernes y dura tres días durante los cuales hay numerosas actividades relacionadas con este fruto que terminan con la elección de la reina da la cereza.

Setti Fatma: Pueblo situado en la ruta hacia las cumbres del Oukaïmeden desde Marrakech. Encajonado entre las montañas en el valle del Ourika , además del zoco de los sábados, durante 4 días del mes de agosto se celebra un famoso Moussem. El lugar es reputado por sus hermosos paisajes y las 7 cascadas de los alrededores.

Sidi Yahia Benyounes: se encuentra apenas a 6 km de Oujda y en él reposan los restos de Sidi Yahia Ben Younes, según la leyenda el hijo de Jonás, venerado por las tres religiones. Es un pequeño oasis con varios manantiales. Tiene un zoco los viernes por la mañana y en septiembre se desarrolla un Moussem al que acuden las mujeres en busca de la fertilidad.

Tinerhir: Situado al norte de Boulmane en el valle del Dadés junto a las gargantas del Todra, en un extenso palmeral y a los pies de una imponente fortaleza del Glaoui, el caudillo del sur marroquí, tiene un zoco los lunes, y los sábados, un mercado de ganado.

Tafraoute: Situado en el anti Atlas, dispone de un importante zoco en el que a primeros de marzo se celebra la recolección de la almendra. El mercado dura de lunes a miércoles.

Tan Tan: En la ruta de Goulimine hacia el Sáhara tiene un mercado que se anima a finales de mayo durante el Moussem de Ma al-Ainin y en el que se reúnen las tribus nómadas del desierto y comercian entre ellas.

Zagora: Es una pequeña ciudad del sur del país que no llega a los 40.000 hab. Los miércoles y los domingos hay un gran zoco en el que abundan las múltiples variedades de dátiles de la región, así como artesanía, en especial trabajos con hojas de palmera. Durante el Mouloud, que festeja el nacimiento de Mahoma, se celebra un importante Moussem.

La región de Doukkala: Situada en la costa Atlántica, al sur de Casablanca es la región agrícola del país. Tiene algunos de los zocos más coloridos y auténticos, que no son turísticos, ni están dedicados a la venta de artesanía, por lo que conservan el carácter primitivo de estos lugares de intercambio. Primordialmente agrícolas son el polo de atracción de las tribus de los alrededores y reúnen a miles de personas. Los más grandes son los de Sidi Bennour, los martes y sábados, Khemis Zemmara, los jueves, Tlat, los martes…

El lugar más típico de todos ellos es el de Sidi Bouzid que durante el Moussem de Moulay Abdellah durante una semana en el mes de agosto, reúne a todos los amantes del caballo de la región y en el que se desarrollan las mejores y más coloristas fantasías del país, así como torneos de cetrería y actuaciones de grupos folclóricos.

Ha venido a vender su magra cosecha de patatas que cabe en un saco

“A los ojos de un extranjero, es un ruidoso caos: cientos de hombres congestionados en las avenidas, estos vestidos de harapos, aquellos con ropas de seda, esperando en cubículos, reuniéndose en las plazas, gritándose a la cara, susurrándose al oído, asfixiándose unos a otros con cascadas de gestos y muecas, todo ello envuelto en un olor de asnos y de objetos tan heteróclitos que incluso Dios no podría inventariar”             

Clifford Geertz

2 Respuestas a “LOS ZOCOS RURALES DE MARRUECOS: UN PASEO EN EL TIEMPO

  1. Gracias por esta pormenorizada descripción, me ha transportado a esos lugares tan llenos de vida y tan sumamente importantes para las relaciones entre los miembros de comunidades rurales en las que la población está diseminada sin contacto entre si.
    Espero regresar pronto a visitar mi preferido, el zoco de Zagora.(Miércoles y Domingo).

  2. Fascinante !!!!! Un gran artículo, Jehane. Felicidades y gracias.
    Tomo nota de los mercados de la región de Doukkala que, por ignorancia o desidia nunca he visitado; prometo remediarlo.
    Me he reido un montón con tu anécdota de la cámara de fotos; hace mucho que la desterré cuando visito estos lugares … por imperativo consejo, cuando no orden tajante jajajaja; Sefrou, por su proximidad a Fès, es uno de los que mas visito y puedo asegurar que cada vez que voy, aún me sigue sorprendiendo algo; coincido contigo en lo relativo al mercado de Inezgane, otro de mis favoritos junto con los de Taroudant y Guelmim.

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