Meteora Monastiria: Suspendidos entre las nubes

 

“Este paisaje es duro como el silencio
aprieta en su pecho sus piedras encendidas,
aprieta en la luz sus huérfanos olivos y viñedos,
aprieta los dientes. No hay agua. Solamente luz.
El camino se pierde en la luz y es plomiza la sombra de la cerca     se han petrificado los árboles, los ríos y las voces en la cal del sol  la raíz tropieza con el mármol                                                                 los lentiscos polvorientos, el muro y la roca jadean (…)”

Yannis Ritsos

En ningún sitio Dios ha sido tan pródigo de rocas como en Grecia
Henry Miller

 

Paisaje de Meteora

Las formaciones rocosas sobre las que se asientan los monasterios de Meteora se originaron hace miles de años en el delta de un río que desembocaba en el mar y que cubría la Tesalia actual. La fuerza de la erosión fue destruyendo las rocas y creando estos enormes penachos de formas caprichosas.

Formaciones rocosas con formas caprichosas

El lugar –por lo abrupto, escarpado y difícil de acceso – fue elegido por muchos eremitas hacia el siglo X para renunciar a la vida terrenal y acercarse lo más posible a Dios.

Se refugiaron en las pequeñas cuevas de las paredes creando sus residencias y pequeños altares para realizar sus rezos. La necesidad religiosa hizo que se construyeran iglesias donde los distintos monjes eremitas se reunían los domingos para rezar. El primer monasterio que se construyó fue el Convento de Doupiani (Panayía Daupani), en el siglo XI .

Hacia el siglo XIV las incursiones de francos, catalanes, serbios y turcos que intentaban conquistar Tesalia amenazaron la paz con la que habían vivido en la región hasta entonces. Los monjes  encontraron en Meteora un lugar perfecto para escapar a estos ataques y seguir con sus prácticas.

Fue sobre el 1344 cuando San Atanasio Meteoritis comenzó en la denominada “Roca Ancha” la construcción del monasterio de “Gran Meteora” y estableció las reglas que regirían en los sucesivos conventos.

Posteriormente se erigieron más edificios, ayudados por las subvenciones que los diferentes soberanos iban dando para el desarrollo de esta vida monástica: Santa Trinidad, Rousanou, San Nicolás Anapausa… En el momento de mayor apogeo  llegaron a ser 24 edificaciones de las que hoy en día quedan sólo 6 funcionando. Algunas son hoy solo ruinas y de otras sólo queda el recuerdo.

En la antigüedad se accedía a estos monasterios por medio de escalas de madera móviles que los monjes arrojaban hacia el vacío. Posteriormente se incluyeron cabestrantes que posibilitaron a los monjes el ascenso en una malla. Actualmente hay varios de estos sistemas funcionando para permitir la subida  de las provisiones. Hacia 1920 algunos monasterios introdujeron escalones en la roca para permitir un acceso más fácil. A pesar de ello, aún quedan subidas vertiginosas no aptas para corazones sensibles.

Polea para subir monjes y provisiones

En 1988 la UNESCO declaró a este complejo de monasterios Patrimonio Mundial de la Humanidad, dando prensa a uno de los sitios más fascinantes del globo.

Llegar hasta allí

Meteora se ubica al norte de Grecia, no muy lejos de Macedonia y a unos 326 de km de Atenas. A pesar de su situación geográfica, es visitado por más de un millón de turistas al año. Para llegar hasta allí hay varios itinerarios posibles. Uno de ellos es el de la ruta que lleva a Larisa desde Atenas y de allí a Tríkala, la ciudad natal del dios de la medicina, Asclepio. Esta ruta continúa 21 kilómetros hasta Kalambaka, la pequeña ciudad que se encuentra al pie de los montes de Meteora en su parte norte, a sólo 5 kilómetros de los monasterios.

Kalambaka es una antigua ciudad a la que los griegos llamaron Eginion. Fue destruida por los romanos hacia el 167 a.C. Los habitantes la reconstruyeron y en el siglo XI comenzó a ser nombrada como Staguí o Stagoi. Fueron los turcos quienes la denominaron Kalambak, aunque en el 1881 pasó de manos turcas  a pertenecer al reino de Grecia  aún hoy persisten en documentos religiosos los dos nombres. En la Segunda Guerra Mundial fue parcialmente destruida. Merece la pena visitarse la catedral,construida en los siglos X al XI que cuenta con un  imponente púlpito de mármol y frescos datados entre los siglos XII y XVI.

El empinado camino hasta San Nicolás

Del otro lado de los montes se encuentra el pequeño pueblo de Kastraki, ubicado justo debajo de las enormes moles rocosas. Fue construido por griegos de Epiro que huían de los turcos y encontraron un refugio en aquel lugar apartado. El camino que serpentea entre las rocas y que una el pueblo con Kalambaka –a 2 kilómetros de distancia – es uno de los paseos más agradables que pueden realizarse para conocer el entorno.

En Kastraki se encuentra también el famoso “acantilado de los pañuelos” en el que los jóvenes de la localidad para demostrar su hombría y en prueba de amor, cuelgan en los agujeros de la roca los pañuelos de sus amadas. El ascenso –que se realiza en verano – acoge a buen número de visitantes atraídos por el peligroso reto. Los habitantes aseguran que la peligrosa gesta traerá prosperidad y felicidad a sus familias.

Los Monasterios

Los monasterios están unidos entre sí por diferentes carreteras y senderos. En un día es posible visitar los 6 monasterios que aún permanecen en funcionamiento. Hay servicios de autobuses desde Kalambaka y Kastraki que llevan a los turistas y los recogen más tarde. Esto hace que los viajeros puedan hacer la ruta a pie. De lo contrario es posible participar en un tour organizado. El recorrido a pie entre Kalambaka y los monasterios es de 17 kilómetros.

Vista de los monasterios de Meteora

Para cualquier visita es obligatorio llevar ropa adecuada: falda larga para las mujeres y hombros cubiertos y pantalones para los hombres. Quien no los lleve encontrará a la entrada de los monasterios largos faldones unisexs prestados por los monjes.

Los horarios son muy aleatorios y es preciso informarse bien antes de comenzar la subida, así como equiparse de buen calzado y agua en abundancia si es que el recorrido se realiza en verano, cuando las temperaturas pueden resultar asfixiantes. Una advertencia sin embargo, cuidado con las fotos a los monjes, puesto que rehúyen ser fotografiados. Antes de tomarles fotografías es preciso pedir permiso y es muy probable que se nieguen.

La tradición de los iconos perpetuada por los monjes

Cabe señalar la magnífica adaptación de los monasterios al entorno en el que se encuentran, se diría incluso que son el prolongamiento natural de la roca en la que se asientan.

Moni Agiou Nicolau Anapafsa (San Nicolás de Anapausa)

Después de dejar Kastraki, el primer monasterio que encontramos a la izquierda del camino es el colosal de San Nicolás, construido en el siglo XV. Se accede a él a través de una empinada escalera después de una cuesta entre los árboles.

Moni Agio Nicolau Anapafsa

El monasterio tiene varios pisos, puesto que la superficie en la que se asienta es pequeña. En el primero puede admirarse la iglesia de San Nicolás decorada con maravillosos frescos del cretense Teofanis Strelitsas en el s XVI, que influenció toda la pintura post bizantina. Estos son los únicos frescos que el artista firmó con su nombre, a pesar de haber decorado también el Monte Athos. De los manuscritos que poseía el monasterio sólo se conservan 39 que han sido trasladados al Monasterio de San Esteban. El refectorio ha sido transformado en un museo.

La subida al monasterio

A finales del siglo XIX sólo quedaban 5 monjes en el monasterio y pocos años después terminó siendo una ruina. Fue bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial y restaurado en 1960. Anapausi significa en griego reposo y esa es la sensación que se respira en el pequeño monasterio. Una de las principales atracciones es la espléndida vista que se obtiene del pueblo de Kastraki.

La roca sobre la que se asienta

Moni Agias Varvaras Roussanou (Monasterio de Santa Bárbara)

Se cree que el nombre del monasterio pueda venir de su fundador Rousanos, pero no está claro ni quién lo fundó ni la fecha exacta de dicha fundación, que se suele situar hacia 1388.

Moni Agias Varvaras Roussanou (Santa Bárbara)

Posee un bello catholikon (iglesia central del monasterio) con vidrieras que fue edificado hacia 1545. Con el abandono del monasterio por sus moradores las reliquias fueron trofeos de saqueadores y muchas de ellas tuvieron que ser trasladadas hacia el monasterio de Gran Meteora. Una anciana del pueblo de Kastraki siguió conservando el monasterio haciendo labores de guardiana y hoy ha renacido de nuevo al culto y está ocupado por una orden monástica femenina.

Visto desde arriba

Ha sido renovado en muchos aspectos y se accede a él por un puente en el vacío que en otras épocas debió suscitar miedo a quienes debían cruzarlo. Es uno de los de más fácil acceso y la llegada puede hacerse desde un pequeño camino en el bosque.

Moni Varlaam

Fue construido en el s XIV por un monje eremita llamado Varlaam que vivió en él solo hasta su muerte. En el siglo XVI dos monjes decidieron reconstruir el lugar. El monasterio se desarrolló con los años y llegó a tener hasta 30 monjes. La última restauración data de 1780. Después del Gran Meteora es el más grande.

Moni Varlaam

Para acceder a él es preciso seguir una sinuosa ruta esculpida en la piedra y subir unos cuantos escalones. En los frescos del interior se pueden ver representaciones de la vida y la pasión de Cristo, la Virgen y una Crucifixión del siglo XVI del monje Frangos Kastellanos, que también pintó en el Monte Athos. Además se conservan reliquias, cruces finamente esculpidas, vestiduras, un trono episcopal y una gran biblioteca con valiosos manuscritos.

Interior de Varlaam

Pantokrator de Varlaam

Moni Megalou Meteorou (Gran Meteora o de la Transfiguración)

Es el monasterio construido en la roca más alta e imponente del lugar. Tiene una extensión de 60 mil metros cuadrados y se encuentra a 400 metros de altura en pico desde Kalambaka y a 613 metros sobre el nivel del mar. Su nombre significaba “roca ancha” por ser el más grande todos los de alrededor.
Para ascender a él se utilizaban una escala de madera y un sistema de poleas que remontaba al visitante y a las provisiones dentro de una red. La ascensión podía durar más de media hora. A principios del siglo XIX se construyó un túnel y 146 escalones que facilitaron la llegada al monasterio, aunque la red sigue ahí para permitir que se suban los productos que necesita el monasterio.

Gran Meteora

Fue construido por San Atanasio el Meteorita en el siglo XIV, después de ser expulsado del Monte Athos, que le dio el nombre original de Meteoro por ser el que estaba a más altura. El monasterio conserva una enorme colección de manuscritos, íconos y objetos sacros, entre ellos un trono episcopal de madera tallada que data de 1616, evangelios del siglo XVIII impresos en Venecia, bordados del siglo XIV y otras reliquias y antigüedades  de gran valor histórico.

La iglesia es luminosa y está repleta de frescos de una belleza excepcional como el Pantocrator y la Virgen que pertenecen a la escuela macedonia. El pequeño cubículo dónde vivía San Atanasio el fundador, el hospital del monasterio, la torre con la red para subir provisiones y el “maquepió” u horno para hacer pan están perfectamente conservados. Una curiosidad del monasterio es que tiene un osario con los cráneos de los monjes muertos en él, ordenados cual libros en las estanterías.

Moni Agias Triados (Monasterio de la Sagrada Trinidad)

Es sin duda la estampa típica de Meteora y el monasterio que más se representa para dar a conocer el lugar. Se hizo mundialmente famoso al servir de escenario para una película de James Bond.

Agias Triados o de la Trinidad

Para acceder a él existe un sendero de 2 kilómetros desde Kalambaka. Se yergue a 400 metros del suelo. Su construcción se sitúa alrededor de 1458 y la roca tiene unos 5 mil metros cuadrados. Se ascendía por medio de escalas móviles o de red hasta que en 1925 se tallaron en la roca 140 escalones.

Además de los bellos frescos que decoran el “catholikon”, contenía muchas reliquias que fueron saqueadas por los nazis, entre ellas manuscritos y piedras preciosas procedentes de donaciones. Los íconos y manuscritos que pertenecían al monasterio y que fueron rescatados se encuentran ahora en el Monasterio de San Esteban.

Moni Agio Stefanou (Monasterio de San Esteban)

Es considerado el monasterio más rico de Meteora y es el más accesible de todos ellos. Un puente de 8 metros lo une a la colina que se encuentra frente a él. Se cree que algún monje ya vivía aquí en el siglo XII puesto que se conservan inscripciones datadas de esa fecha. El monasterio fue fundado en el siglo XIV.

San Esteban

Su riqueza permitió que sufragara la construcción de la “Escuela Constantion” que se encuentra en Kalambaka y de un instituto en Trikala. Hasta finales del siglo XIX era muy próspero, pero decayó y actualmente desde 1961 es un monasterio de mujeres.
El catholikon fue muy dañado durante la Segunda Guerra Mundial y tuvo que ser restaurado en su totalidad. Como el resto de los monasterios, cuenta con espléndidos frescos y una exposición de reliquias entre las que encontramos estolas bordadas en oro, 154 manuscritos que van desde el siglo XI al siglo XIX, 852 libros antiguos entre los que destacan unos trabajos de Aristóteles impreso en 1498 y diccionarios del siglo XV, un cáliz de 1631 y otros objetos de valor. En el monasterio se brindan múltiples talleres de pintura, música y escritura que las monjas desarrollan con gran interés.

Monasterio de Ipapanti

Es un monasterio que no suele visitarse puesto que sus aperturas son muy aleatorias. Se trata de una cueva en la ladera de una roca en la que se amontonan las distintas construcciones del monasterio. Se fundó en el s.XIV y aún se conservan los delicados frescos.

Apuntes sobre la vida monástica

Se cree que los primeros ascetas aparecieron en el siglo III y se consagraron al culto de Dios en lugares alejados de la civilización. Algunos siguieron su vida en cuevas mientras que otros se unieron para crear monasterios. La vida en un monasterio se centra en el “catholikón”, es decir la iglesia central del monasterio donde los monjes pueden pasar orando hasta 7 horas diarias, llegando a 11 los días festivos.

La subida a Santa Bárbara

Para subsistir en estos monasterios, los monjes realizaban múltiples tareas como talla de madera, pintura de íconos, agricultura, reparación de calzados, sastrería, bordado y otros deberes. El dinero recaudado sirve a la comunidad y a las distintas obras sociales que patrocinan.
En el momento de la dominación por los turcos, estos monasterios sirvieron para salvar la lengua y cultura helénica. Durante la Segunda Guerra Mundial muchos patriotas griegos huyeron hacia este lugar que fue bombardeado sin piedad por los alemanes.

Además de los monasterios, en los acantilados se conservan aún numerosos otros restos de la vida de estos ascetas, como cuevas y cubículos colgados de las imponentes paredes.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s