SALAMANCA:Leyendas de la ciudad dorada II. Tradiciones de leyenda

El lunes de aguas

Entre las numerosas fiestas y tradiciones de que hace gala la ciudad, sin duda el llamado “Lunes de aguas” es la más folclorista y divertida. Su celebración entronca también con una leyenda y se asocia al final de la cuaresma y el ayuno carnal en el amplio sentido del término.

Debido al enorme número de estudiantes presentes en la ciudad, el infante Juan, hijo de los Reyes Católicos, concedió a Salamanca la primera licencia para abrir una casa de Mancebía en el país.

La tradición del “Lunes de aguas” tiene su origen en el s XVI, cuando el rey Felipe II dicta una ordenanza por la que las mujeres públicas que residían en la Casa de Mancebía de Salamanca debían ser obligadas a dejar la ciudad durante la Cuaresma y la Semana Santa. Al cabo de una semana del lunes de Pascua, el Padre Putas, que se encargaba de ellas, se dirigía a los arrabales a buscarlas y las traía de nuevo en barcas que cruzaban el río. La venida de las mujeres era celebrada con grandes fiestas por parte del pueblo y de los estudiantes que se acercaban a las orillas a recibirlas. Las prostitutas en las barcas agitaban ramas (rameras) para expresar su alegría ante la vuelta. Mientras esperaban su llegada, el público se sentaba a la orilla del río con una popular torta rellena de embutidos llamada hornazo y con la que ponían fin a la abstinencia. Las prostitutas para ser reconocidas vestían unos mantones con “picos pardos”, de ahí la famosa expresión de “irse de picos pardos”.

Cartel conmemorativo del Lunes de aguas

La tradición, ya sin prostitutas, sigue desarrollándose cada lunes después del domingo de resurrección, y la ciudad casi al completo sale a disfrutar al campo del sabroso hornazo, para lo que el Ayuntamiento pone a su disposición autobuses y las dehesas de titularidad pública, en las que se desarrollan numerosos actos folclóricos. El Padre Putas ha pasado a llamarse Padre Lucas y es un cabezudo que asusta a los niños dando golpes con una rama.

Mariquelo sube a la torre de la Catedral Nueva

El Mariquelo es un personaje típico de la vida salmantina. Su historia se asocia a una tradición que tiene lugar desde que en 1775 el terremoto de Lisboa afectara a la catedral Nueva sonaran las campanas por efecto de la sacudida y dejara dañada su torre, que desde entonces quedó ligeramente inclinada.

El Mariquelo en la torre de la catedral

Desde esa fecha, el cabildo de la catedral, instauró que ese día, el 31 de octubre, las campanas de la catedral volvieran a sonar para rogar a Dios que no se repitiera un terremoto como aquel, y además, verificar arriba, que la inclinación de la torre no era aún mayor. La familia que tenía a su cargo las campanas era conocida como “Los Mariquelos” y desde ese día un varón de dicha familia se encargó de realizarlo hasta el año 1976. En 1985, Ángel Rufino, folclorista, se decide a rescatar la tradición perdida y con el sobrenombre de “El Mariquelo” vuelve desde entonces, cada año, a rememorar la gesta de subir hasta la torre de la catedral ataviado con el traje típico de la ciudad y una gaita y un tamboril, congregando a miles de curiosos en la Plaza de Anaya y aledaños, y a cientos de medios de comunicación del mundo entero. Desde arriba ameniza a los presentes con una charrada.

Las mujeres toman el bastón de mando

El día 5 de febrero se festeja el popular día de las Águedas, llamado así en honor a Santa Águeda, santa del s III que sufrió martirio por querer guardar su virginidad. Para celebrarlo las mujeres toman el mando y relegan a las tareas femeninas a los hombres. Simbólicamente las asociaciones de Águedas son recibidas en el ayuntamiento y recogen el bastón de mando de manos del alcalde. Es corriente verlas vestidas con los trajes charros repletos de filigranas de oro, paseándose por la Plaza Mayor y alrededores, junto a grupos folclóricos. Se organizan meriendas, cenas y actuaciones musicales y suele finalizarse con la quema del pelele, que simboliza la masculinidad.

Las Águedas bailan en la Plaza del corrillo

Desprovista de las connotaciones que tuvo en otras épocas y en un mundo en el que la mujer lucha por la igualdad  entre los sexos, la fiesta de las Águedas ha entrado en decadencia, y es para muchos anacrónica, y solo las más mayores y las asociaciones provenientes de los pueblos de la provincia continúan manteniendo esta tradición centenaria.
La vistosidad del traje típico y las danzas que se realizan al son de la gaita y el tamboril hacen que muchos turistas se deleiten con ellas.

El silencio invade las calles

Declarada de interés turístico, la Semana Santa de Salamanca es una de las más hermosas de Castilla y León, es sobria y austera y está impregnada de una profunda religiosidad. Destacan la magnificencia de los pasos que son paseados en un marco incomparable, la ciudad se recoge y se silencia para verlos desfilar, la luz de los cirios y la iluminación de los monumentos en las procesiones nocturnas, crean un excepcional ambiente de recogimiento.

Se tiene noticias de la Semana Santa salmantina en documentos que datan del s XV y durante el siglo siguiente se fueron fundando las primeras cofradías.
Entre las procesiones más destacables cabe señalar la de la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, con una imagen que data del s XVII, que sale el Jueves Santo del Arrabal y cruzando el puente romano se dirige al centro histórico.
El Viernes Santo sale de la iglesia de la Vera Cruz la procesión del Descendimiento, que data de 1615, cuya imagen es descendida de la cruz  en el marco incomparable del Patio Chico de la catedral, a la sombra de las torres, y durante el cual hay un tradicional “besapiés” de la imagen por parte del público asistente.

Procesión del Santo Encierro

La cofradía que la organiza, la de la Vera Cruz es la más antigua de la ciudad ya que se tiene constancia de que tiene raíces desde el s. XIII, aunque su fundación data de 1506. Tuvo un gran poder en la ciudad, puesto que dispuso incluso de una imprenta que publicó las obras de Juan del Enzina. Decayó notablemente tras la invasión francesa y la desamortización, para renacer poco a poco en el s XX, aportando nuevas propuestas, como la presencia de mujeres en los pasos.

El Santo entierro, que data también del año 1615, es la procesión que cuenta con el mayor número de pasos. Sale de la Iglesia de la Vera Cruz y llega a la Catedral Nueva y reune a varias cofradías.

La procesión de la Soledad desfila con una imagen de la Virgen del escultor Mariano Benlliure, es sin duda la más multitudinaria.  El origen de la actual cofradía de la soledad data del año 1645 y fue en principio obra de un grupo de zapateros que posteriormente se fusionarían en el s XIX con la llamada de la Soledad.
Es una procesión nocturna que sale de la Catedral Nueva a las 12 de la noche del Viernes Santo, para acabar en la Plaza Mayor, dónde los cofrades cantan a la virgen un sentido Ave María.

Procesión de la soledad

“Yo guardo tu alma en mi corazón. Cuando yo muera, guarda en ti, Salamanca dorada, mi recuerdo”.

Miguel de Unamuno

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