Essaouira: La bella judía azotada por los alisios

 “…Mi alma, por yo no sé que fenómeno de lejano atavismo,
o de preexistencia, se ha sentido medio árabe.
El quejumbroso gemir de las dulzainas de África,
los atabales y los albogues de hierro,evocan en mí una
especie de insondables recuerdos…
me sume en ensueños de un pasado misterioso,
hace vibrar en mí no sé qué fiebre latente oculta.”

Pierre Loti

Las murallas de Essaouira al atardecer

Estamos lejos de los fastos de Marrakech y de las noches animadas de Agadir: en Essaouira todo es calma y tranquilidad, apenas el ruido del viento azotando las murallas y las gaviotas que a horas bien tempranas, levantan el vuelo, entre estridentes graznidos, para ir a pescar su pitanza.

Llegar a Essaouira –pequeño enclave de poco más de 70.000 habitantes – además de la posibilidad de hacerlo por vía aérea, tiene como base Agadir o Marrakech. Desde Agadir, la ruta serpentea entre campos de arganeros, cuando no bordea la costa, con playas espectaculares, o se empina en subidas sinuosas. Desde Marrakech, la ruta es mucho menos espectacular, salvo algún tramo en el que nos creeríamos perdidos en un paisaje lunar de pedruscos, colinas y soledades.

A pocos kilómetros de la llegada puede observarse la bahía desde un mirador de piedra. La ciudad se estira a nuestros pies y mar y cielo se confunden en la lejanía.

Essaouira desde el mirador de la ruta de Marrakech

En homenaje a su particular estilo de ciudad portuaria fortificada, conservado a través del tiempo, a su dedicación artística y a la particular convivencia pacífica que se dio entre sus habitantes judíos, musulmanes y cristianos, la UNESCO la inscribió, en 2001, en la lista de monumentos del Patrimonio Mundial.

Essaouira a través de sus calles

Essaouira está dividida en dos: por un lado la ciudad nueva, alrededor de la vieja. Por otro, la medina o ciudad antigua, recogida entre las murallas. La muralla tiene tres puertas de acceso que durante siglos se cerraban con la puesta de sol.

Dentro de las murallas hay tres barrios distintos: La Kasbah, la Medina y el Mellah. Por bab Sbaa se accedía al barrio de la Kasbah, el más antiguo y en el que habitaban los dirigentes y los próximos al sultán, la aristocracia o makhzen. Más al norte se encuentra Bab Doukkala y al este, Bab Marrakech, que se abre sobre la ciudad nueva. En 1869 el sultán Ben Mohamed hizo edificar una nueva Kasbah.

Puerta de entrada a la ciudad

Entre la Kasbah y la Medina se encuentra la mezquita de Sidi Ben Youssef, edificio imponente de más de 2000 m2, con un patio de más de 400 m2 y una fuente para realizar las abluciones.
En el exterior de las murallas se encontraba el palacio del Sultán, cerca de la costa y rodeado de un bosque de tamarindos. Hoy no es más que ruinas y ha sido pasto de la arena.

La Medina se construyó entre los siglos XVIII y XX y está atravesada por dos calles principales, una que une Bab Doukkala con el puerto y la otra que une Bab Marrakech con el mar.

Torre de vigilancia del puerto

En el Mellah se concentraban los judíos, a los que el sultán concedió el título de “comerciantes reales” y a los cuales –además de exigir ciertos impuestos especiales debido a su condición– dio también privilegios de tipo político y económico.

Essaouira no tiene especiales monumentos que llamen la atención. La ciudad son sus murallas, sus callejuelas, las torres de vigilancia, las monumentales puertas de acceso, los muros encalados que le dan un toque mediterráneo, las ventanas azules, la sorpresa en la escultura de cada puerta laboriosamente trabajada, las tiendas primorosamente decoradas, los talleres de artesanos y pintores.

Las palmeras guardianes del minarete

Desde la Skala de la kasbah, el bastión construido en los acantilados y azotado por los vientos y las olas, puede observarse la particular geografía de la ciudad, sus callejuelas, y sus puestas de sol. En el paseo de la muralla se puede ver una colección de cañones españoles de bronce de los siglos XVIII y XIX. Bajo la escala se concentran los numerosos talleres de artesanos que han hecho el renombre de la ciudad. En la Skala del puerto, las gaviotas se arremolinan a la llegada de los barcos. Fue en esta parte de las murallas de la ciudad en la que Orson Welles paseó su celebrado “Othello”.

Las murallas

La sinagoga Simon Attias fue construida por el comerciante del mismo nombre en el siglo XIX en pleno corazón de la Kasbah. Tiene más de 500 m2 y un patio central que supera los 40. En los últimos años se han realizado trabajos de restauración para poder contener el estado de deterioro en el que se encontraba. La Medina de Essaouira llegó a albergar gran cantidad de Sinagogas.
La mezquita de la Kasbah tiene 5 naves dedicadas a la plegaria. En medio de la explanada del patio se encuentra una fuente para las abluciones. Tanto los techos como las puertas, son trabajos de una gran fineza.

El mar azota las murallas

La Iglesia portuguesa data de finales del siglo XVII y fue obra de comerciantes portugueses. Está situada junto a la puerta sur de la Skala de la Medina. En ella sobresale su puerta tallada en piedra y ricamente ornamentada y tres pisos organizados alrededor de un patio central.

La Plaza Moulay Hassan es la mayor de la ciudad, donde se concentran varios cafés con terraza en los que habitantes y turistas se reúnen para charlar. Desde ella, por la extensa calle principal de la ciudad, la Sidi Mohammed Ben Abdellah, se llega al barrio del Mellah.
Por la Puerta de la Marina se entra en el puerto, desde donde se obtiene la gran vista de las Islas Purpurinas enfrente: es un espectáculo inolvidable. A la llegada de los barcos con el pescado fresco, los tenderetes de comida se ponen a funcionar, las barbacoas se improvisan con las últimas capturas de sardinas, langostas o gambas aún vivas.

Siguiendo el itinerario, desde el puerto se llega a la magnífica playa de 10 kilómetros de arenas finas, cuyo principal obstáculo al baño son los vientos que rebajan la temperatura y hacen complicado nadar.

El puerto al atardecer

La torre del reloj se alza altiva justo a la entrada de la ciudad tras Bab Doukkala y debajo de ella una agradable placita invita al sosiego y el reposo. Tras las bellas puertas de madera, se esconde otra de las joyas de la ciudad, los riads. Sin llegar a tener la espectacularidad de los que podemos admirar en Marrakech, en Essaouira, se conservan muchas de estas casas tradicionales con patio central y galerías. Algunas han sido reconstruidas para servir de casas de huéspedes o de hoteles, mientras que otras están en manos de muchos extranjeros que han elegido la ciudad para pasar temporadas lejos del bullicio de otros lugares.
Paseando por las callejuelas se pueden admirar algunos de ellos que, como una invitación al huésped, mantienen entreabiertas sus puertas para deleite de los visitantes.

Callejuelas de la ciudad

Los mercados
Los mercados de la ciudad son otra de sus curiosidades. El Souk Jedid (nuevo mercado) reagrupa 4 mercados de pescado, especias, cereales y alimentación en general. Los mercados de cereales o el del pescado siguen los mismos rituales para la venta, inmutables a través del tiempo. En el zoco de las especias, además de las mezclas para pescados, o tajines, podrás encontrar desde piedra pómez para las durezas, hasta ghassoul para el pelo, jabón negro para el cuerpo, o “viagra” vegetal.

Plantas y minerales medicinales

El Mercado de los Joyeros perdió de su autenticidad desde que los judíos, que practicaban este arte desde tiempos inmemoriales, fueron emigrando hacia otros países. Siguen en pie algunas tiendas, aunque en la mayoría de ellas se limitan a vender la mercancía y no son auténticos artesanos.

Arte y cultura
Essaouira es conocida por ser una ciudad de artesanos y artistas. A partir del siglo XIX con la aparición de la marquetería, los artesanos realizarán maravillosas obras en madera de tuya con incrustaciones de limonero, de nácar, de ébano, hueso de gacela o camello y marfil, incluso de hilos de oro o aluminio. De esta madera se utilizan principalmente las raíces, que son las que proporcionan las mejores piezas. La mayoría de las plantaciones se encuentran hacia unos 10 kilómetros fuera de la ciudad.

Los motivos geométricos de estas creaciones reciben el nombre de “khotta”. Los artesanos de esta especialidad se reúnen en una Cooperativa Artesanal, donde se aprovisionan de la madera necesaria para sus obras. Sólo las personas habilitadas para ello pueden comerciar con esta madera rara y preciosa.

Tienda de artesanía

La orfebrería, que fue casi patrimonio de artesanos judíos, conoce un renacer de antiguas técnicas y piezas. Se desarrolló particularmente en el siglo XVIII.

Galerías y museos
Numerosas galerías de arte jalonan la ciudad y en ellas se exponen los cuadros de artistas locales.

El pequeño Museo de Sidi Mohammed Ben Abdallah, situado en el antiguo palacio del Pachá, abre todos los días de 8:30 a 12 y de 14:30 a 18, excepto los martes. Está dedicado a las artes y tradiciones populares: tapices, instrumentos musicales, joyas, armas, monedas, vestimenta…

Puertas monumentales

La sala dedicada a los instrumentos musicales recoge los que fueron utilizados tanto por los gnaoua, como por los Amazighes (bereberes). En otra sala se podrá conocer el proceso de cultivo y extracción del afamado aceite de argán, mientras que en otra se pueden ver los trabajos en madera e instrumentos utilizados para ello, así como cofres y mesas realizados en marquetería. La vocación del museo es preservar el patrimonio de la región y darlo a conocer al visitante.

La música en Essaouira está por todos los rincones

La galería de arte Frederik Damgaard, homónima a su creador, es un anticuario danés que expone muestras de la pintura de numerosos artistas. Se pueden admirar obras de tipo naïf, primitivo y otros estilos de pintores como Nourdine Alioua o el escultor Bouada.

La música Gnaoua

Pero si hay un arte que defina a la ciudad ese es sin duda la música. Essaouira es la cuna de la música Gnaoua, originaria de los esclavos negros que el sultán traía de sus guerras.

Los Gnaoua son además una cofradía religiosa en la que los ritos animistas y paganos se unen a otros islámicos, formando un conjunto de prácticas único en Marruecos. Las ceremonias se realizan en la Lila (noche en árabe) y en ella los participantes, a través del baile y el canto, entran en trance. Los instrumentos que utilizan son tanto de percusión, como los crótalos, el djembé y el t’bal o tambor, como de cuerda: el gembri, el hajhouj, o la layra: una especie de flauta.

Los gnaouas surgieron en Marruecos durante la dinastía Almoravide que extiendió sus conquistas hasta el río Níger. En sus numerosas ceremonias veneran al esclavo Bilal, que salvó a Fátima, la hija del profeta Mohammed, tocando los crótalos. En Essaouira se encuentra el único santuario dedicado a él en todo el país. Así la música es uno de los instrumentos usados para conseguir la curación.

Cada año la Cofradía de los Hmadcha, de rito Sufí, que fue fundada en el siglo XVII por Sidi Ali Ben Hamdouch, organiza un Moussem o reunión, en la primavera (Moussem des Regragas). Durante las ceremonias, que duran una semana, los participantes realizan una peregrinación desde un lugar de culto en el norte de la ciudad, pasando por el pueblo de Diabat al sur, y llegando a la ciudad, en la que son recibidos con gran alegría por los habitantes.

Instrumentos de los gnaoua

Los festivales
En Essaouira se desarrollan tres importantes festivales que animan la vida cultural de la ciudad:

En abril se celebra el Printemps Musical des Alizés (Primavera musical de los alisios) dedicado a la música clásica. Es totalmente gratuito y dura 4 días. Cuenta con una sección de “jóvenes talentos” que recibe gran cantidad de espectadores, así como una sección únicamente dedicada a los nuevos talentos del país. Debutó en el año 2001 de la mano del Presidente de la “Fondation les Alizés”, consejero real y mecenas de la ciudad, André Azoulay.

El Festival des Andalousies Atlántiques (Festival de las Andalucías Atlánticas) se desarrolla durante 3 días en el mes de septiembre y está dedicado al intercambio cultural entre Marruecos, España y los países sudamericanos. Además de conciertos, hay talleres, exposiciones, coloquios, carreras de caballos en la playa y fuegos de artificio. Como el precedente, está financiado por la “Fondation des Alizés” conjuntamente con la Junta de Andalucía.

Pero el festival que ha dado verdadero renombre a la ciudad es el Festival Gnaoua et Musiques du Monde (Festival Gnaoua y músicas del mundo) que se desarrolla durante 4 días, el tercer fin de semana de junio. Si el festival empezó siendo un pequeño acontecimiento sólo para conocedores de este tipo de música, las últimas ediciones han desbordado todas las previsiones, llegando a juntar hasta 500.000 personas en un espacio reducido como es esta ciudad. Tanto es así, que los souiris temen incluso morir de éxito, ya que el gentío que se concentra esos días impide una vida normal a sus habitantes.

Calles desiertas

Los conciertos se desarrollan en diversos escenarios naturales, la Plaza Moulay Hassan que acoge hasta 30.000 personas con espectáculos de fusión entre Gnaoua y músicos del mundo; Bab Marrakech, con artistas venidos del mundo entero; el Mercado de Cereales, con lilas gnaoua; la Plaza el Khayma; Dar Souiri, sólo 250 personas al precio de 150 DH; la Skala de la Medina, con lilas gnaoua; Chez Kebir, para 250 personas por 150Dh, en las que músicos extranjeros y ganoua realizan improvisaciones juntos. Además, distintas empresas privadas han instalado escenarios fuera de las murallas, junto a la playa, con música fusión electrónica o para jóvenes talentos.

El clima
Una de las particularidades de Essaouira es su clima templado, único en Marruecos junto al de Sidi Ifni. La temperatura media durante el día se sitúa entre 18 y 28ºC a lo largo de todo el año. Las noches son frescas, pero nunca inferiores a los 10ºC. El viento y la humedad son otras de las características particulares de su climatología. En verano el soplo de los vientos alisios hace que las temperaturas varíen incluso más de 20ºC con sus vecinas Agadir y Marrakech.

Su sobrenombre de “La ciudad del viento” o “La ciudad de los alisios” se debe a la omnipresencia de éstos, que hacen las delicias de todos los aficionados a deportes como el surf, windsurf y kite surf que se reúnen en las playas de los alrededores para practicarlo y para los que este lugar es un auténtico paraíso.

Día de viento

El Cherki, alisio del noreste, sopla entre marzo y noviembre. Otros vientos que soplan en la ciudad son el ghibli, viento del desierto, el bise, viento del este, el harmattan, viento del norte que transporta arena en suspensión y el taros, viento cargado de humedad que viene del mar.

La gastronomía
Si hay un producto que define la gastronomía de la ciudad es el aceite de argán. Fruto del arganero, cuyos campos se extienden en los alrededores de Essaouira. El argán se ha extraído desde épocas remotas de forma artesanal .Los bereberes, además de utilizarlo en la composición de numerosos platos, le asocian propiedades curativas y de belleza.

Tradicionalmente los frutos del arbusto, muy parecido al olivo, se daban de comer a las cabras que lograban disolver la cubierta extremadamente dura y lo expulsaban en sus excrementos. De estos se recoge la semilla, se abre, se tuesta ligeramente y posteriormente se prensa para la obtención del aceite. En algunas cooperativas femeninas el proceso está cambiando y los frutos se recolectan directamente del árbol.

Además de utilizarlo en ensaladas, tajines e incluso sólo mojado con pan, el aceite de argán entra en la composición de uno de los platos típicos de la región: el amlou, junto a las almendras molidas y la miel.

Naturalmente, todos los productos del mar están al honor en las cocinas de Essaouira: bogavantes, gambas, doradas, besugos, sardinas, que llegan frescos cada mañana al puerto. El típico cús cús sólo podía ser de pescado. La pastela deliciosa también rellena de calamares, gambas, merluza o lota. Los tajines explotan al infinito las posibilidades del pescado, aunque pueden encontrarse igualmente deliciosos de carne o pollo.

En la pastelería, Essaouira tiene un lugar imprescindible: “Chez Driss”, dónde cuentan que durante el rodaje de “Othello”, Orson Welles se sentaba cada tarde para degustar un milhojas. Es un lugar de encuentro de locales y viajeros, sobre todo a la hora del desayuno, cuando es costumbre acompañar una de sus especialidades con un buen té a la menta: uno de lo mayores placeres gastronómicos del lugar.

Callejuelas

llenas de vida

Los alrededores
Essaouira está rodeada de playas inmensas de arena fina, muchas de ellas completamente vírgenes que, gracias al viento, se han convertido en un paraíso para los surfistas. Además, desde la ciudad se organizan muchas marchas a pie, a caballo, o incluso en camello, a los pequeños pueblos en los que poder apreciar la vida rural.

El paisaje de los alrededores está formado de dunas e inmensos campos de arganeros que se pierden en la lejanía. Este es el cultivo principal de la región y desde hace algunos años, también ha llegado a ser una potencial fuente de ingresos.

La Isla de Mogador:
Conocidas como las Islas Púrpuras, se encuentran frente a la ciudad y están formadas de dos islas principales y diversos islotes. En ellas se construyeron unas fortificaciones defensivas, una prisión y una mezquita. Actualmente son una reserva natural de Halcones de Eleonora, por lo que no pueden ser visitadas durante la época de nidificación, comprendida entre abril y octubre. Fuera de estos meses es preciso un permiso que se extiende de forma gratuita para conocer las islas. Existen barcos que realizan la travesía, contando siempre con los caprichos de un mar agitado.

Diabat:
Desde que Jimi Hendrix lo visitó en los años 70, este pequeño pueblo se convirtió en un lugar de peregrinaje para los hippies del mundo entero. En él se encuentran, bajo la arena, los restos del palacio del Sultán.
Sidi Kaouki:
Sidi Kaouki, a 27 kilómetros al sur de la ciudad, recibe su nombre del marabout cuyo mausoleo blanco preside la playa. Es un lugar de peregrinación continua a lo largo del año. Los amantes del surf acuden con frecuencia a este lugar. Cap Sim también es una playa muy apreciada por los surfistas. En los últimos años se han instalado algunas barracas que sirven comida y pequeños hoteles.

Moulay Bouzerktoun:
Es un pequeño pueblo de pescadores a unos 27 kilómetros al norte de Essaouira por la ruta de Safi. La playa es espectacular y el marabout, un lugar de peregrinaje muy concurrido. El Windsurf Challenge de este año comenzó en este lugar.

Had- Draâ:
A unos 50 kilómetros de Essaouira, el mercado de los domingos es un lugar muy visitado por los viajeros. Allí pueden verse ventas de dromedarios, además de otros animales y productos agrícolas. Como curiosidad añadida, es famosa su calle de los barberos que despliegan sus tiendas a ambos lados, ofreciendo sus servicios a los visitantes.

Cap Tafelney:
Hermosa e inmensa playa virgen junto a un pequeño pueblo de pescadores. En este lugar se hacen baladas a caballo.

Imessouane:
Situada a unos 80 kilómetros de Essaouira y 89 de Agadir se encuentra esta punta rocosa junto a un pueblo de pescadores. Menos concurrida que otras, dispone de algún albergue ocupado sobre todo por surfistas.

Otras playas maravillosas y salvajes son las de Igzir, cercana al pueblo de Tamri, en ruta hacia Agadir, o Bhaibah junto a un pueblo de pescadores en la ruta hacia Safi.

Essaouira en la literatura

Essaouira tiene un especial encanto para todo aquel que la visita, impregna el alma y los sentidos y si muchos se quedan prendados, al punto de hacer de ella escala obligada en su vida, otros le dedican páginas hermosas o hacen de ella el objeto predilecto de su cámara. Ciudad que no deja indiferente al visitante, que envuelve al punto de recordarla con nostalgia cuando se abandona, olor de mar, sonido de las olas rompiendo contra las murallas, el viento en los oídos por siempre cuando se evoca. Y por encima de todo volver, y porqué no, para siempre.

Para aquellos que deseen profundizar en el conocimiento de la ciudad y de su particular estilo de vida, algunos libros particularmente interesantes.

  • “El séptimo sueño de Jazán,o como llegó la melancolía a Mogador”. Alberto Ruy-Sánchez
  • “Entre vents et marées” Ami Bouganim
  • “Essaouira”.Bruno Barbey y Morgan Sportés
  • “Essaouira”. Abdelkader Mana y Michel Delaborde
  • “Essaouira, cité heureuse”.Edmond Amran el Maleh y Yves Korbendau
  • “Essaouira, Histoire y création”. Frederik Damgaard
  • “Essaouira,Mogador parfums d’enfance” .Katia Azoulay,Elsa Rosilio,Régine Sibony
  • “Essaouira,Mogador passion partagée”. Katia Azoulay,Elsa Rosilio,Régine Sibony
  • “Les âmes de Mogador”.Mathiéu Chédid y Patrice Renson
  • “Les feux d’Essaouira”.Pierre Lecoz
  • “Les tourbillons de génies,au Maroac avec les gnawa”.Bertrand Hell
  • “Regard sur Essaouira”. Georges Lapassade
  • “Une cité sous les Alizés,Mogador des origines a 1939” . Hamza Ben Driss Ottmani

Anochece

“Siempre supe que Essaouira es un secreto que no puede traicionarse. Gritarlo, o justo pensarlo, es perderla.”

“Es el lugar del silencio, del viento y del arganero. Un lugar en el que el cuerpo se vuelve ligero como una pluma y se deja llevar por el viento frío del Atlántico”

                Tahar Ben Jelloum

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