El Jadida: La ciudad fortificada

Pinceladas de historia

“He aquí el paraiso en el que yo vívia antes: mar y
montaña.
Hace de eso toda una vida.Antes de la ciencia, antes de la civilización y la conciencia.

Y tal vez volveré para morir en paz, un día…”

Driss Chraïbi

La cisterna portuguesa

Al abrigo de sus imponentes murallas, El Jadida, la antigua Mazagán, se esconde del Atlántico. Ejemplo de la arquitectura fortificada portuguesa ha dormido durante años olvidada del turismo y de las autoridades de Rabat. El Jadida se asoma al mar desde la llanura costera de la región de Doukkala, una de las más agrícolas del país. Sus ricas tierras producen jugososos tomates, espectaculares melones y sandías, sabrosas calabazas en tal abundancia que han terminado siendo el sobrenombre de los habitantes de esta región. Rodeada de tierras de cultivo, la ciudad es la meca de los campesinos, que deben acercarse a ella para arreglar los asuntos administrativos y realizar compras.

El Jadida al fondo azotada por el viento

Sorprende al llegar, la inmensa playa, el olor a mar constante, la brisa que te mece impregnada de salitre. Es una ciudad bulliciosa, pero no tiene los agobios de sus vecinas, como Casablanca (90km) al norte o Marrakech (180km) al sur.

Pasearse por sus playas, recorrer desde lo alto las murallas, fundirse en sus mercadillos invadidos por los campesinos, recorrer las callejuelas de la medina o sentarse en los cafés del paseo marítimo a respirar la vida de sus calles con el mar como telón de fondo, son algunas de las mejores maneras de conocerla. Uno puede tomarse un plato de caracoles, especialidad local, en cualquier esquina, o un tajine de pescado junto al mar en Sidi Bouzid, reputada estación balnearia al sur, o perderse en alguna de las playas cercanas para respirar la brisa en soledad.


Las murallas

Una historia tormentosa

Fueron probablemente los fenicios los que fundaron la ciudad. La primera noticia que tenemos de ella nos llega a través de los escritos del general cartaginés Hannon, que en el 650 a. C. cuenta la historia de su periplo por las costas africanas. Visita el cartaginés el cabo Soleis que se sitúa frente a Azzemour, explora el río Oum Er Rebia y toma contacto con las tribus de la región y en su crónica ya menciona los nombres de las poblaciones costeras: Kariton Teichon (Azemmour), Gytte (El Jadida), Akka (cabo Beddouza), Mellita (Oualidia) y Arambys (Mogador).

El geógrafo y matemático Ptolomeo en el s II a. C describe las costas africanas y nombra la ciudad como “Portus Rusibis”.
Durante siglos la vida de esta parte de Marruecos permanece en la sombra y apenas hay menciones sobre ella, sin embargo si encontramos mención a la “Marça de Maziran” (el puerto de Maziran) en los escritos del geógrafo Chérif El Idrissi a mediados del s. XII y Hassan Al Wazzan, León el Africano, describe a Mazigan como una ciudad muy antigua. Restos de esta Maziran ancestral se han encontrado en lo que los portugueses denominarían más tarde “Mazagao Velho”, pueblo pesquero cuya bahía era un puerto natural y del que apenas subsisten trazas de algún cementerio, silo o depósito (matfia) restos de cerámicas y piedras talladas, y dónde aún la población vecina realiza ritos ancestrales que han sido trasmitidos a través de la tradición oral.

En el s XVI los portugueses, que desean crear un establecimiento en la costa africana, se deciden por este enclave estratégico, ideal para sus deseos expansionistas en las costas marroquíes y en 1502, sobre las ruinas de un castillo llamado “Borj Cheikh”, construyen una fortaleza a la que llamarán Mazagao, Mazagán.

Murallas junto al mar

La construcción del “Castelo Real” se realiza entre 1502 y 1513 en el emplazamiento en que hoy se encuentra la cisterna portuguesa. Las murallas comenzaron a edificarse alrededor de 1514. Los portugueses encargan los trabajos de edificación a los reputados arquitectos lusos Francisco y Diego de Arruda y al italiano Benedetto di Ravenna. En 1517 se le añadiría un foso.

Murallas

En 1521 los cronistas de la época relatan que una hambruna terrible asola la región y muchos de los habitantes de Doukkala aceptan la hospitalidad portuguesa y alquerías enteras se vacían de sus habitantes que se instalan al completo en los alrededores de Lisboa.

En 1537 el fuerte originario se había convertido en una pequeña ciudad tras los trabajos para ampliar el puerto, la construcción de almacenes, depósitos y diversos edificios civiles. Tendrían que pasar varios años hasta que en 1541 el capitán Luis de Loureiro fundara, en nombre del rey, la ciudad de Mazagán. Las imponentes murallas, dan a la ciudad un aspecto temible y de difícil acceso.

Murallas y bastión

Pero a pesar de sus fortificaciones defensivas, la vida de la pequeña ciudad no va a ser un camino fácil ya que las tribus marroquíes realizan continuos asaltos (1525,1562) y ataques a la fortaleza . Un siglo después de su construcción la ciudad ha perdido el interés que suscitó en sus comienzos para la metrópolis, que está enfrascada en la conquista de América. Sin embargo fueron precisos dos siglos de continuos hostigamientos para acabar con su resistencia.

El 4 de marzo de 1769 la ciudad fue sitiada por el Sultán alauita Sidi Mohammed Ben Abdellah al mando de 120000 guerreros de tribus árabes y bereberes. Los 2092 habitantes se refugian en la fortaleza y sufren de la falta de víveres y de agua. La víspera del asalto final el comandante recibe la orden de rey José I Emmanuel de evacuar la plaza y de arrasar con todo lo que pueda caer en manos enemigas. Los portugueses queman sus enseres, matan a los animales y destruyen las armas. Antes de quitar la plaza minan las murallas y dejan en tierra a un encargado de encender la pólvora. La explosión de las murallas deja tras de sí más de 500 muertos entre los asaltantes y miles de heridos. El 11 de marzo de 1769 los marroquíes, provenientes de todas las regiones del reino, toman posesión de la plaza.

Murallas

De este episodio trágico nace una de las historias más curiosas asociadas a la ciudad, la creación de Nova Mazagao, la Mazagán brasileña.

Durante 30 años la ciudad permanece abandonada y destruida. De esta época recibe el nombre de Mahdouma (en ruinas).

En 1820 el Sultán había autorizado su repoblamiento con grupos de cristianos, musulmanes y judíos. Con la llegada de una importante comunidad judía, la ciudad vieja se trasforma en “Mellah” (judería) hasta que en la época colonial ésta se abrió para que pudieran instalarse en ella otras comunidades. La comunidad judía permanecerá en buen número en El Jadida hasta que en los años 50 la mayoría de sus miembros emigren hacia Francia, USA o Israel.

Paseo por la muralla

En 1832, el Sultán Mulay Abderrahman decide reconstruir la fortaleza y restaurar lo que los portugueses habian arrasado y la bautiza con el nombre de El Jadida (La nueva).
La ciudad conoció todavía algunos episodios dolorosos de inundaciones, hambre y epidemias que diezmaron su población a lo largo del s XIX, aunque europeos, judíos y musulmanes siguieron conviviendo en ella, aquellos intramuros, y estos fuera del perímetro de las murallas. Los cronistas relatan que la primera casa europea fuera de las murallas se construyó en 1861 y fue la del delegado de aduanas español Romay Castro.
En 1912 ,en época colonial, los franceses recuperan el nombre de Mazagán, que conservará hasta la independendia en 1956.

Gracias a su emplazamiento privilegiado y a su climatología benigna, Mazagán se convierte en una ciudad balneario para los colonos y empieza a extenderse a lo largo del frente marítimo. La Deauville marroquí, como la nombrará Lyautey, se llena de edificios oficiales y casas particulares de arquitectura colonial y de numerosos jardines.
Siglos de tormentosa historia terminan en 1956 con la llegada de la independencia, en la que recuperará el nombre que el sultán Sidi Abderrahman le dio, El Jadida.

Casas señoriales

La otra Mazagao: Un episodio olvidado
El 11 de marzo de 1769 comienza para los 2092 habitantes de Mazagán, un largo periplo de dos años. Embarcados de fuerza y obligados a evacuar la ciudad, su destino estaba en América, dónde los portugueses colonizaban grandes extensiones de tierra. La Nova Mazagao se extenderá en las riberas del Amazonas.

Los portugueses, que habían quemado todos los enseres y tirado los cañones al mar, embarcan sin embargo los objetos dedicados al culto, imágenes y libros sagrados y los documentos provenientes de la administración. Los desplazados son llevados primero a Lisboa dónde permanecerán 6 meses y posteriormente a Belem, hasta que puedan desembarcar en la que será su lugar definitivo a orillas del gran río. Los descendientes de aquellos colonos celebran cada 25 de julio (Sao Tiago) el asedio de la africana y sus luchas contras los árabes.
Desgraciadamente poco más subsiste entre ambas ciudades, que no guardan vínculos de amistad.

La ciudad portuguesa:
Considerada el primer ejemplo de la arquitectura fortificada y modelo de muchas otras posteriores, los portugueses la construyeron en forma rectangular con un puerto artificial y un bastion en cada ángulo en forma de trébol, que fue preciso reconstruir tras su voladura. El foso, que hoy está colmado, era tan profundo que permitía que los barcos navegaran por él.El Bastión del Santo Espíritu domina los restos de la fortaleza, desde el del Angel pueden verse el puerto y la ciudad, al sur están los de San Antonio y el de San Sebastián. Las murallas tienen una altura de 14m con abundantes saeteras y unas 60 troneras.

Bastión

La ciudad contaba en tiempos con un acueducto que fue destruido durante uno de los ataques y que llevaba el agua hasta la cisterna, numerosos edificios públicos a lo largo de la rua de Carreira, y la fortaleza, la primera construida fuera de Europa.
En las calles de Marchane y Hamou pueden admirarse las mansiones de las grandes familias judías que habitaron la ciudad, en particular la de la familia Znaty, una de las más suntuosas.


Casas de nobles

Hoy la ciudad alberga muy pocos de los edificios originales que han sido deteriorados por el tiempo y la dejadez. En el s XIX se reconstruyeron los bastiones y las murallas.

La Cisterna :
Su tormentosa y belicosa historia han dejado trazas en El Jadida, la cisterna portuguesa es el edificio más significativo y del que sus habitantes se sienten más orgullosos, porque junto a las murallas es el que ha soportado mejos los embites del tiempo y de la historia. Está situada cerca de una de las entradas de la ciudad vieja, frente a las murallas y se cree que formaba parte de los subterráneos del “Castelho real”. En época portuguesa sirvió para poder conservar el agua, que a través de una serie de canalizaciones, hoy completamente taponadas, abastecía a toda la ciudad. Después de la destrucción de la ciudad permaneció olvidada en el subsuelo durante siglos hasta que en 1916, el judío Ben Attar, que deseaba agrandar su comercio, la encontró durante la realización de unas obras. Se tardó tres meses en vaciarla enteramente.

Bóveda de la cisterna

A la cisterna se accede por una escalera de 11 peldaños. Sostenida por veinticinco columnas, tiene 34 m, un ojo central abierto en el techo permite entrar la luz. Con el fin de que pueda admirarse siempre mantiene una cantidad constante de agua, 5 cm, para permitir que está realice con los juegos de luz, el efecto de un espejo y refleje los elementos arquitectónicos. La mejor hora para visitarla se sitúa alrededor de las 11 de la mañana, cuando la entrada de los rayos del sol permiten ver claramente bóvedas y columnas. En tiempos el agua alcanzaba los 2,5 m de altura, como reflejan las marcas en sus muros y que aún pueden observarse.

Balas de cañón

Obra remarcable de estilo Manuelino, se construyó en 1514 y su primer uso fue como depósito de armas hasta que en 1541 se transforma en cisterna.. Es una mezcla de la piedra de las canteras de Jorf Lasfar, de ladrillo de Zemmour y de cal portuguesa.

La Iglesia de la Assomption:
De estilo manuelino estaba consagrada a la patrona de la ciudad y hoy se encuentran junto a la mezquita Abdelhak y su minarete pentagonal. Los misioneros españoles levantaron en ella una torre en el s XIX. Hoy está cerrada al culto.

Iglesia de la Assomption

Entrada a la ciudad con la iglesia al fondo

 Dar el baroud:

Era el depósito de la pólvora, hoy en ruinas, de las que sobresale una torre en la que puede admirarse una hermosa ventana de estilo gótico.

Minarete de 5 lados

Ribat al Mujahiddin (la ciudad de los combatientes):

A 5 km de la ciudad en el camino a Casablanca se encuentra el también denominado “Fash Ezzemouri” ocupando una superficie de alrededor de 5 héctareas.
El lugar fue el campamento militar que sirvió para albergar a las tropas que asediaron la ciudad. En la explanada había varios edificios militares y una mezquita, de lo que solo subsiste el muro exterior.Descubierto tras el trazado de la nueva autopista, la falta de fondos ha impedido que se llevaran a cabo obras para su conservación aunque en la actualidad se realizan en este lugar excavaciones arqueológicas.

El faro de Sidi Bouafi :

En la ruta de Oualidia tiene una altura de 65 m, fue construido en 1914 por prisioneros alemanes. Su luz llega a una distancia de 72 km. Pueden subirse sus 248 marchas para poder admirar desde lo alto la ciudad en su conjunto y todas las instalaciones portuarias del nuevo puerto de Jorf Lasfar.

Faro

En 1918 y 1919 el sultan decreta varios Dahirs (edictos reales) por los que se protege la ciudad fortificada. Los esfuerzos que empezaron a concretarse hace ya casi un siglo se vieron recompensados por la Unesco, que el 30 de junio de 2004 declaró en su reunión de Suzhou (China) a El Jadida, Ciudad Patrimonio de la Humanidad. La Unesco consideró que la ciudad había representado un lugar de intercambio excepcional entre las culturas Europea y marroquí, además del valor incalculable de los edificios que en ella construyeron los portugueses y que representan un ejemplo único de su arquitectura.

Desgraciadamente y a pesar de esta proclamación, la ciudad continua degradandose día a día y muchos edificios amenazan ruina. No cuenta El Jadida como Essaouira, con mecenas de la talla de André Azzoulay, o Fes, con el apoyo de la Fundación del Aga Khan que están haciendo revivir ambas ciudades. Tal vez su retiro tranquilo, la indiferencia de los propios doukkalies que no le prestan la atención merecida, o el desconocimiento de su valor por los visitantes, que pasan de largo para ir a lugares más conocidos de Marruecos, han hecho que su supervivencia esté aún hoy en el filo de la navaja. Me queda la esperanza de que nosotros, los otros jadidis de corazón que nos hemos establecido fuera de sus fronteras, sepamos conservarla como patrimonio para nuestros hijos y le prestemos, antes de que sea demasiado tarde, la atención de la que hasta ahora ha carecido. Por ello os invito a incluirla en vuestros viajes a Marruecos y a visitarla, y a sacarla del olvido del tiempo, para que esa tormentosa historia que le precede, no haya resultado vana.

La puerta del mar

Torreón

Torreón de guardia


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